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Los duques de Montpensier promovieron el Santo Entierro Grande en 1850 en Sevilla

13 junio 2017

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Los duques de Montpensier promovieron el Santo Entierro Grande en 1850Llevaba la Feria de Abril tres años de vida, desde 1847 hasta 1849, pese al boicot de los terratenientes sevillanos que no aceptaron la propuesta del vasco José María Ybarra y Gutiérrez de Caviedes, y el catalán Narciso Bonaplata y Curiol, de crear un mercado agropecuario que sirviera de promoción al sector terciario. Eran dos señores liberales llegados recientemente a Sevilla y pronto lograron ser elegidos capitulares del Ayuntamiento, donde emprendieron tareas para luchar contra el paro obrero y la crisis social y económica que s
ufría la ciudad.

Ybarra y Bonaplata invitaron a los duques de Montpensier a visitar la Feria de Abril en 1849 y estos quedaron prendados de lo que pudieron vivir en el rodeo, hasta el punto de que decidieron poner una caseta que fue la primera familiar, en 1850. Y desde entonces, todos los terratenientes que habían boicoteado al ferial, cambiaron de opinión y decidieron acudir con sus ganados y además poner casetas privadas.

Filiberto Mira, escritor taurino, historiador cofrade, cofundador del Consejo General de Cofradías y Hermandades (1954), sugirió poco antes de fallecer, que en 2004 se celebrara un Santo Entierro Magno para conmemorar el IV Centenario del decreto del cardenal arzobispo Fernando Niño de Guevara, imponiendo, en 1604, a las Hermandades y Cofradías la obligación de hacer estación de penitencia en la Santa Iglesia Catedral Metropolitana de Sevilla. Entonces se inició el desfile procesional colectivo por la carrera oficial, estableciéndose el orden de antigüedad, y finalizó la costumbre de desfilar cada Hermandad por el área de las respectivas collaciones y feligresías. Puede afirmarse que el citado prelado fue el organizador de la Semana Santa tal y como ha llegado hasta nuestros días. La idea de Filiberto Mira fue bien recibida por la Hermandad del Santo Entierro, que la trasladó al Arzobispado y este la aprobó el día 6 de octubre de 2003. A partir de entonces comenzó la organización del desfile extraordinario y el 22 de diciembre fue aprobada la lista de Hermandades que participarán en la procesión del Sábado Santo de 2004, día 10 de abril. Serán doce los pasos que formarán el décimo Santo Entierro Grande, representando la Entrada en Jerusalén (la popular Borriquita), seguida de Monte-Sión, San Gonzalo, Desprecio de Herodes, San Esteban, Pasión, Tres Caídas de San Isidoro, Siete Palabras, Santa Cruz, Buena Muerte de los Estudiantes, La Carretería y cerrando la Quinta Angustia. Estos doce pasos acompañarán a los que representan a la Hermandad Sacramental del Santo Entierro de Nuestro Señor Jesucristo y María Santísima de Villaviciosa, compuesto por los pasos del Triunfo de la Santa Cruz, Sagrada Urna con el Cuerpo de Jesucristo Yacente, y Virgen de Villaviciosa y Duelo.







Hasta aquí, la noticia de 2004. Pero interesa dar a conocer los antecedentes de la tradición secular de organizar el llamado Santo Entierro Grande o Magno, que se remonta al año 1850 y que tuvo como origen una petición de los duques de Montpensier, recién llegados a Sevilla para fijar en el Palacio de San Telmo su residencia y corte.

El analista Juan Carrero Rodríguez, tanto en los Anales de las Cofradías Sevillanas como en el Manifiesto de la Hermandad del Santo Entierro de 1992, y el ensayista José Joaquín León Morgado en su opúsculo sobre El Santo Entierro Grande (1992), informan de los antecedentes de esta procesión extraordinaria iniciada en 1850 a petición de los duques de Montpensier al corregidor de la ciudad, Franco de Paula Castro, y que este trasladó a las Hermandades de la época y estas acogieron de buen grado. En aquel primer Santo Entierro Grande acompañaron a los titulares de la Hermandad matriz, formando la procesión los siguientes pasos: Triunfo de la Santa Cruz, popularmente conocido como La Canina; Monte-Sión, Prendimiento, Desprecio de Herodes, Pasión, Sagrada Cena, Exaltación, Expiración del Museo, Tres Necesidades (Carretería), Quinta Angustia, Sagrada Mortaja, Jesucristo Yacente y Virgen de Villaviciosa y Duelo. La procesión salió de la iglesia de la Magdalena.

El éxito de este primer Santo Entierro Grande animó a las cofradías y autoridades municipales, a repetirlo en 1854, cuando tomaron parte en la procesión doce cofradías más la matriz, que salieron de la iglesia de San Francisco de Paula. En el siglo XIX hubo tres procesiones extraordinarias más, los años 1874, 1890 y 1898. En el primer año citado el desfile se inició en la capilla del Santo Sepulcro con solo tres cofradías acompañantes, razón por la que no se contabiliza como Santo Entierro Grande; en el segundo año citado, tomaron parte nueve cofradías, más la matriz, y salió de la misma capilla anterior; y en el tercer año, fueron diez los pasos, más los tres de la Hermandad del Santo Entierro, saliendo de la misma capilla.

En el siglo XX hubo cinco procesiones extraordinarias entre 1910 y 1992, más la que se organizara en 2004. No se contabilizan los desfiles de 1915 y 1923, que fueron normales aunque llevaran representaciones de otras Hermandades, pero no los pasos del ciclo de la Pasión del Señor. Las cinco procesiones Magnas fueron los años 1910, 1920, 1948, 1965 y 1992. En este último participaron dieciocho cofradías, el mayor número de la historia, que fueron las siguientes: Triunfo de la Santa Cruz, Monte-Sión, Prendimiento, Desprecio de Herodes, Flagelación, Coronación de Espinas, Presentación al Pueblo, Jesús de las Penas (San Roque), Las Tres Caídas (Triana), Exaltación de la Cruz, Expiración (Museo), El Amor, Carretería, Quinta Angustia, Baratillo, Cristo Yacente, Virgen de Villaviciosa y Duelo, y cerrando el desfile la Soledad de San Lorenzo.

«Año 1848. Cuando Luis Felipe I tiene que huir al proclamarse la República de Francia, Antonio de Orleans se escabulló por el palacio de las Tullerías de París para exiliarse en Inglaterra y, posteriormente, en Sevilla. Tanto él como su esposa María Luisa Fernanda, duques de Montpensier, se instalan a vivir en el Palacio de San Telmo». Así comienza en internet la biografía del duque de Montpensier, Antonio de Orleans. Tanto de internet como de Rafael Manzano Martos, Vicente Lleó Cañal y Carlos Ros, tres de sus biógrafos, obtenemos la siguiente información:

«Comienza así una revolución en las costumbres de la ciudad. Los duques se muestran continuamente en la vida cotidiana, convirtiéndose en referentes para la sociedad sevillana. Ese glamour del que se vistió la ciudad hizo que Sevilla empezara a explotar su componente turístico.

Los Montpensier dejaron multitud de huellas, no sólo en las costumbres, sino en el urbanismo y el arte. Como mecenas, los duques legaron a la ciudad multitud de cuadros de los mejores pintores. En cuanto a la arquitectura, participaron en la restauración de numerosas iglesias y monumentos; así como fueron los impulsores del gran pulmón verde de la ciudad, el parque de María Luisa, o de edificios tan característicos como el Costurero de la Reina.

Pero, si hay un lugar que puso en valor la familia Orleans fue el Palacio de San Telmo, un edificio de estilo barroco del siglo XVII, que acogió el Colegio de la Marina, y que fue adquirido y restaurado por los Montpensier en 1849. Fue en San Telmo donde se mostró el poder de atracción de esta familia y, como dijo Luis de Teste, se trataba de «una mansión de un lujo mayestático, decorada con un gusto exquisito, con muebles de gran calidad antigüedades, bustos, obras de arte y bellísimos cuadros de la escuela de Sevilla».

Al morir en 1890 Antonio de Orleans, siete años más tarde su viuda donó el palacio a la Archidiócesis quien, en 1989, lo cedió a la Junta de Andalucía para albergar la sede del gobierno.

Otra parte de la herencia que dejaron los Montpensier a Sevilla fueron los jardines privados del palacio de San Telmo. Tres años después de la muerte de Antonio de Orleans, su esposa María Luisa Fernanda regaló a la ciudad el actual parque que lleva el nombre de la infanta.

El parque de María Luisa fue, entonces, reformado por Jean-Claude Nicolas Forestier, quien le aportó un toque romántico al inspirarse en los jardines del Generalife y la Alhambra de Granada y en los Alcázares de Sevilla. En esta transformación se abrieron las plazas de España y de América. Once años más tarde de su donación, el parque fue inaugurado el 18 de abril de 1914.

El mismo año que la infanta María Luisa Fernanda donó a la ciudad los jardines del palacio, en 1893, comenzó a edificarse en la zona que continuaba siendo privada uno de los edificios más característicos de la ciudad, realizado por el arquitecto Juan Talavera y de la Vega. Se trataba de un pequeño castillete para el guarda de seguridad, de estilo neomudéjar (el primero de este estilo en Sevilla).

Otro de los lugares que guardan la huella de los Montpensier es el actual Muelle de Nueva York. Los duques construyeron un embarcadero secreto, que conectaba el palacio de San Telmo con la orilla del río por un túnel. Como se aprecia en la fotografía de la época, recogida en el libro de Vicente Lleó Cañal La Sevilla de los Montpensier, se trataba de un embarcadero recubierto por un toldo, que escondía la ruta secreta de escape de Antonio de Orleans, quien se había granjeado multitud de enemigos al aspirar a la Corona de España. Desde allí, en caso de necesidad, huiría hasta Sanlúcar de Barrameda. El muelle, tal y como lo conocemos, se construyó en 1905, y se le denominó de Nueva York porque desde él salían las líneas que partían hacia Estados Unidos.

No sólo en Sevilla capital hay señales del paso de los Montpensier. En Villamanrique de la Condesa se levantó un palacio en el centro del pueblo, realizado por arquitectos franceses, cuyos jardines están inspirados en los del Palacio de San Telmo. Los Montpensier ayudaron, con este palacio, al desarrollo urbanístico y económico de Villamanrique. Antonio de Orleans lo construyó en 1859, tras comprar unos terrenos desde Gatos hasta la aldea del Rocío y la casa palacio de los Altamira. Y así, años más tarde, se cambió el nombre del municipio en honor de la hija de los duques, doña María Isabel de Orleans, condesa de París. En los terrenos del palacio, el duque construyó también una de las primeras centrales eléctricas de España, aunque de pequeño tamaño.

Los Montpensier contribuyeron también a la celebración de las romerías. Al igual que con la del Rocío, revitalizaron la de Valme, en Dos Hermanas, que estaba extinguida. Gracias a una obra de la novelista Cecilia Böhl de Faber ambientada en Dos Hermanas, los Duques de Montpensier leyeron la obra y supieron del estado de abandono en el que se encontraban la ermita de Valme y el pendón ofrecido a la Virgen por San Fernando. Por ello, decidieron restaurar el pendón y, tras esto, lo restituyeron solemnemente en la iglesia de Dos Hermanas el 1 de mayo de 1857. Dos años después llevaron a cabo la reedificación de la ermita, donde fue trasladada la Virgen de Valme hasta que los vecinos del pueblo, en 1869, volvieron a llevársela hasta la capilla de la parroquia, donde hoy sigue siendo venerada. Un año más tarde, en 1870, se reorganizó la hermandad y se decidió realizar anualmente una romería en otoño llevando a la Virgen hasta la ermita.








Como en tantos edificios y monumentos, los Montpensier contribuyeron a la reforma y ampliación del Castillo de Hernán Cortés, en Castilleja de la Cuesta, hoy colegio de las Irlandesas. Se trata de un edificio del siglo XVI, que en el siglo XIX era propiedad de la familia Orleans, quienes embellecieron su interior creando los jardines. Los duques lo adquirieron en 1855 para convertirlo en su palacete de primavera y verano. El castillo le fue regalado a su hija María de las Mercedes por su boda con Alfonso XII. Al morir la reina a los cinco meses de casada, el Rey, posteriormente, le dio el palacio a su hija mayor, la Princesa de Asturias. En 1903 pasa a ser propiedad de las religiosas del Instituto de la Bienaventurada Virgen María, procedentes de Gibraltar, de ahí que sean conocidas como las Irlandesas.

En este castillo pasó sus últimos años de vida Hernán Cortés quién redactó uno de sus testamentos en 1547. Una lápida ante la puerta que da acceso a las habitaciones que ocupó, da cuenta del histórico hecho: «Aquí murió el gran conquistador de Méjico en 1547».

Otro de los templos cuya restauración fue patrocinada por los Montpensier fue el del Salvador. En 1870, Antonio de Orleans sufragó las vidrieras y los ventanales de la colegiata. En las vidrieras aparecen recurrentemente castillos y leones para simbolizar la fundación real de la antigua colegial. También representan el emblema del Salvador.

También restauraron los Montpensier el majestuoso Monumento Pascual de la Catedral, hoy almacenado. Este monumento eucarístico daba fe del esplendor de las celebraciones litúrgicas de la Catedral. El monumento, del siglo XVI, se levantaba en la Seo hispalense con motivo del Jueves Santo para acoger al Santísimo Sacramento. Para esta función, ahora, se utiliza el Altar del Jubileo de Laureano de Pina.

Los duques de Montpensier, como señala Lleó Cañal, «supieron introducirse con suma habilidad en el mundo de las devociones sevillanas. A parte de ser hermanos mayores honorarios de las cofradías de la Soledad de El Puerto de Santa María y de Montserrat, donaron sayas y mantos a la Virgen del Carmen del exconvento de Los Remedios, a la Virgen de la Salud de San Isidoro, a la Virgen de la Paz de Santa Cruz o a la Virgen de la O». Pero el legado fundamental que dejaron los Montpensier en la Semana Santa fueron las hermandades de la Carretería y Montserrat, que resurgieron de aquella segunda corte de España. Plasmaron el romanticismo imperante de la época en estas cofradías. Ambas hermandades contaron con el patrocinio de los Montpensier, al igual que La Lanzada o Las Cigarreras.

Otro de los legados que dejó la presencia de la familia Orleans en Sevilla fueron los Santo Entierro Magnos. El 29 de marzo de 1850, apenas un año después de instalarse en la capital hispalense, se convocó a todas las hermandades a participar en una magna procesión en la que acudirían por orden cronológico las imágenes cristíferas. Esto, a su vez, serviría de revitalización de la Hermandad del Santo Entierro.

Antonio de Orleans no tiene en Sevilla ningún recuerdo en su memoria.

http://elcorreoweb.es/sevilla/los-duques-de-montpensier-promovieron-el-santo-entierro-grande-en-1850-FK3059799

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