LA HERMANDAD DE JESÚS NAZARENO DE LOS MÁRTIRES PRIMERA PARTE

03 junio 2017

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Jesús Nazareno del convento de los Mártires. Pablo de Rojas, hacia 1586.

                ANTONIO PADIAL BAILÓN  
           
           INTRODUCCIÓN

La primitiva Hermandad de Jesús Nazareno como corporación penitencial, se fundó en nuestra ciudad hacia 1582. Pasarán 400 años hasta que surja la hermandad actual de Jesús Nazareno de Granada, fundada en diciembre de 1981. Esta hermandad actual se erigirá, al igual que la primera, curiosa coincidencia, en un convento carmelitano: las Carmelitas Descalzas. La antigua, de la que aquí trataremos, se fundó en el convento de frailes Carmelitas Descalzos de los Santos Mártires Cosme y Damián, situado en el denominado Campo de Ahabul o Corral de los Cautivos, después Campo de los Mártires, en los cerros donde se eleva el monumento universal de la Alhambra.

Este convento estaba situado en la colina alhambreña y en el solar que hoy conocemos como jardines de los Mártires, perteneciente, actualmente, al Ayuntamiento de la ciudad, como perteneció tras la Exclaustración de 1835 a los señores Calderón, que construyeron el actual palacete en el solar del convento carmelita. Después, fue propiedad del consulado de Bélgica y del Duque de Infantado, pasando hace unas décadas al Excmo. Ayuntamiento de Granada, que lo dedicó como bello parque de situación y vistas panorámicas inigualables.




MAZMORRAS DEL CAMPO DE LOS MÁRTIRES

Las hermandades de penitencia de Jesús Nazareno han sido las que más han perdurado a lo largo de los siglos en casi todas las localidades españolas, venciendo los más diversos avatares históricos. Lo mismo ha ocurrido con las hermandades de la Vera Cruz y las de la Soledad. Ello pudiera deberse a que calaron de forma primordial en el pueblo por ser las devociones más significativas de la conmemoración de la Pasión de Jesucristo. Sin embargo, ésta de Granada se perdió en los desgraciados acontecimientos que sufrió nuestro país en el primer tercio del siglo XIX.

En algunos pueblos la devoción a Jesús Nazareno fue tan intensa que las imágenes de esta advocación llegaron a erigirse en patronos y protectores de muchos de ellos. Fueron muchos los lugares en que las imágenes de “Nuestro Padre Jesús” se convierten en el centro devocional de la localidad y diana donde se dirigen las súplicas de amparo de sus habitantes. Es el caso de Loja, Cijuela, Huetor Tajar, Churriana, Jaén…etc. y otras muchas localidades de España. No siendo extraño que en esos lugares sus hermandades hayan llegado, por su pujanza, a tener templo propio o una gran capilla dentro de un templo parroquial o conventual.
Convento de los Mártires. Plataforma de Vico. Aún no se había erigido la gran capilla de la hermandad que comentaremos

Sin embargo, ésta de Granada viene a constituir una de las pocas excepciones, entre las hermandades de Jesús Nazareno, que sucumbieron a efectos de los referidos avatares históricos.

Las cofradías de “Jesús” o de “Nuestro Padre Jesús”, como el pueblo las suele denominar, vinieron a constituir una especie de contrapunto, ya en el siglo XVI, a la forma más usual de hacer penitencia en las estaciones de Semana Santa. Así, frente al ejercicio de la disciplina o flagelación que practicaban los cofrades de la mayor parte de las hermandades penitenciales, las de Jesús Nazareno preconizaban la imitación a Jesús con la cruz acuestas por la calle de la Amargura camino del Calvario, pero no con el sentido de representar uno de los ciclos de Pasión, el de la calle de la Amargura, sino con el de imitar los trabajos que Jesús había padecido por expiar nuestras culpas, cumpliendo el pasaje evangélico en que Él invita al creyente a negarse a sí mismo y seguirle llevando la cruz de cada día[1].

Era tal la devoción y el impacto de estas hermandades de Jesús Nazareno y su propagación, que pronto los imagineros tuvieron que surtir parroquias y conventos de imágenes de Jesús con la cruz al hombro camino del Calvario.
FUNDACIÓN Y TÍTULO

En Granada, como hemos anticipado, no faltaron estas cofradías de Jesús Nazareno y la primera de ellas fue la del convento carmelita de los Mártires. Fue una de las primeras en que se fundó en Andalucía y, tal vez, a iniciativa de San Juan de la Cruz, que bien pudo redactar sus Reglas, cuando estuvo de prior en Granada.

Una se las más antiguas noticias que tenemos de la existencia de esta Cofradía de Jesús Nazareno, nos las proporciona Henríquez de Jorquera en sus celebres “Anales” en los que dice, al describir el convento de los Mártires:
“...sita en él la devota cofradía de Jesús Nazareno y Sancta Elena que sale de penitencia el Viernes Sancto por la madrugada y la sirven los mejores caballeros de Granada con grande devoción y edificación”.

La primitiva hermandad granadina ostentaba el titulo de“Hermandad de las Cruces de Santa Elena y Jesús Nazareno”pues así se la conocía por el pueblo.

Todo apunta, a que esta antigua Hermandad de Jesús Nazareno, fue el resultado de la agregación a la primitiva hermandad de Santa Elena, la de Jesús Nazareno o de la transformación a una preexistente (la de Santa Elena) en hermandad de penitencia con la agregación del título de Jesús Nazareno.
De la más antigua, la de Santa Elena, podemos afirmar que su fundación se remontaba a los años siguientes a la conquista de la Ciudad y daba culto a la Santa Cruz de Jerusalén, celebrando el día 3 de Mayo la función principal en conmemoración del descubrimiento de la Cruz o de la Vera Cruz en que murió Jesús por la emperatriz Santa Elena, madre del emperador Constantino. La Emperatriz, en el año 326, manda destruir el templo de Venus, que se había construido sobre el Gólgota y cavar allí, profundamente, para encontrar la Cruz. Por ello, es muy probable que el título primitivo antes de convertirse en hermandad de Jesús Nazareno, fuere el de; “Hermandad de la Santa Cruz en Jerusalén y Santa Elena”[2].


Los datos del proceso de la reducción de Cofradías de 1597 ponen de manifiesto, al declarar su Hermano Mayor que la Hermandad estaba en posesión de sus Reglas desde hacía más de 18 años, que la fundación hubo de realizarse alrededor del año 1579, aunque la apreciación pudiera no ser exacta[4]








Puede, como era usual en las cofradías de aquella época, que su fundación se produjera años antes de la redacción de sus Reglas, con lo que nos llevaría a los primeros años del establecimiento en Granada de la Comunidad Carmelita  como posible fundación de la hermandad de penitencia.

RESTOS DE LA ERMITA-CASTILLO DE SANTA ELENA (Silla del Moro)


LA ANTIGUA Y LA NUEVA ERMITA

Dicha corporación había sido fundada en un morabito convertido en la ermita cristiana por los Reyes Católicos con el nombre de Santa Elena[5], que estaba situada en el Cerro que hoy denominamos “la Silla del Moro” o “de Santa Elena”, formando parte de una fortificación llamada, también, Castillo de Santa Elena, cuyos restos aún subsisten en los parajes cercanos a la Alhambra.

Pronto, estos parajes se convirtieron en centro de oración por haberlos escogido numerosos eremitas para su retiro, aprovechando una serie de cuevas existentes en aquel lugar, que aún hoy podemos contemplar. Allí los eremitas, a lo largo de los años, proliferaron de tal forma que llegaron en alguna época a ser más de doscientos.

Aquellos desiertos parajes de la Silla del Moro pronto estuvieron expuestos al ataque y pillaje de los moriscos sublevados en el Albaicín en 1568. Estos hechos motivarían, que por esas fechas la Hermandad de Santa Elena decidiera trasladarse a otra ermita, llamada de los Santos Mártires, cercana al recinto de la Alhambra y, por tanto, más vigilada y protegida por la guarnición de ésta, dependiente del “alcaide” de la fortaleza nazarí, el Marqués de Mondéjar.

   Esta ermita, llamada de los Santos Mártires, a la que se le agregaba, por las circunstancias expuestas, la de Santa Elena, fue erigida también por los Reyes Católicos en época cercana a la Conquista de la Ciudad, para perpetuar el recuerdo de los mártires cristianos, Pedro de Dueñas, Juan de Cetina y Pedro N. Pascual, obispo de Jaén, sacrificados por los musulmanes en aquel lugar, lleno de mazmorras subterraneas.

Después, tomaría el nombre de los Santos Mártires Cosme y Damián, patronos de los médicos y cirujanos, en cuya ermita estos santos tuvieron próspera hermandad. Este título lo recibe la ermita hacia 1540, cuando estuvo allí predicando San Juan de Ávila el día de los citados santos, en que se dice que se “obró el milagro de la conversión de la beata María de Paz” [2].
La noticia de la citada agregación de la ermita de Santa Elena a la de los Santos Mártires Cosme y Damián y el cambio de sede de la Cofradía de las cruces de Santa Elena nos la transmite Henríquez de Jorquera cuando dice en sus Anales: “… Esta ermita es antiquísima y en tiempos de la rebeldía de los moriscos fue desamparada y la cofradía de Santa Elena, que sitaba en ella, se pasó a la ermita de San Cosme y San Damián, hoy convento de descalzos del Carmelo”. 

Esta ermita de los Mártires de la Alhambra tenía antecedentes militares e históricos, por haberse realizado en aquel lugar la entrega de las llaves por parte de Aben Comixa al Conde de Tendilla. Ello era recordado, según documento que se conserva en el archivo municipal de la Ciudad, por medio de una inscripción en una lápida que estaba en las paredes de la antigua ermita de los Mártires.

Más tarde, en 1573, el Marqués de Mondéjar, Alcaide de la Alhambra, cede a la Orden de PP. Carmelitas Descalzos, por haberlo solicitado Fray Baltasar de la Cruz, la ermita y unos terrenos contiguos para construir allí su convento. Entre los frailes que llegan a Granada en los primeros años de la fundación estaba San Juan de la Cruz, que en los años 1582 a 1588 fue designado Prior del convento granadino y allí concibió parte de sus escritos.

La ermita antigua de los Santos Cosme y Damián, al alzar su iglesia los carmelitas, fue convertida en sala de cabildos de los frailes, probablemente hacia 1614, en que realizan los Carmelitas una nueva iglesia más espaciosa, sirviéndole de campanario la antigua espadaña de la ermita. Dicha lápida se perdió tras la exclaustración. Sin embargo, el comprador del convento hizo llegar al Ayuntamiento la trascripción del texto de la misma que era el siguiente: “En este lugar se entregaron las llaves de la Real Fortaleza de la Alhambra el 2 de Enero de 1492, haciendo, asimismo, constar que allí dejaron unos cuadros SS los Reyes Católicos”.

Los cuadros que allí había, en opinión de erudito periodista granadino A. Garrido del Castillo, son los que después terminaron en el retablo de la iglesia de los Mártires, una vez que quedó inutilizada para el culto la antigua ermita. Posteriormente, con la exclaustración no llegaron a perderse y hoy se conservan en el Museo Provincial de Bellas Artes[3].

Pronto los miembros de la guarnición de la Alhambra y los principales caballeros de la ciudad, como apunta Henríquez de Jorquera, se vinculan a la Cofradía, pues eran asiduos a dicha ermita, donde celebraban sus cultos en honor de dichos Mártires, el día de San Pedro Ad Vincula[4].
    


         La Reducción

        En 1597, los abusos de los disciplinantes de muchas hermandades, que se excedían en su práctica de la flagelación, para competir y presumir ante las mujeres, por la mucha sangre que se producían en sus espaldas y, asímismo, las demandas continuas a los fieles y otras irregularidades, serían causa continua de conflictos con la autoridad eclesiástica y motivos que llevaron al Arzobispo Don Pedro de Castro, en ese año, a decretar la reducción de las cofradías de penitencia. Pero a pesar de que la Hermandad de Jesús Nazareno y Santa Elena no participaba de los citados inconvenientes, ni era de flagelantes, no por ello se vio libre de padecer la reducción. Sólo perdonó a las tres hermandades más antiguas y de más devoción en el pueblo, como eran las de la Vera Cruz, las Angustias y la Soledad.





   Inmediatamente, las hermandades reducidas entablaron un sonado pleito contra el decreto de 1597 del Arzobispo, ante la Real Chancillería, fallando ésta a favor de ellas y decretando la suspensión del citado decreto. Pero la de Jesús Nazareno, como ocurrió con las restantes hermandades suspendidas, no se atrevió a salir en los años sucesivos por temor a la amenaza de excomunión y multa lanzada por el Arzobispo don Pedro de Castro y Quiñones.




     Una vez nombrado don Pedro para ocupar la sede episcopal sevillana, el nuevo arzobispo, Fray Pedro González de Mendoza, autoriza, en 1612, a la Hermandad de Jesús Nazareno y a las restantes a reanudar sus estaciones de penitencia con la condición de aportar cada una de ellas la cantidad de cien ducados para contribuir a sufragar los costos del dorado de la Capilla Mayor de la Catedral que se estaba realizando en esa época.


  Esa salida de 1612 nos la describe Henríquez de Jorquera de la siguiente manera: “... en este año, por la quaresma, el ilustrísimo señor don fray Pedro Gonçales de Mendoza, arçobispo de Granada, dio licencia a los hermanos y cofrades de la antigua cofradía de Jesús Nazareno y Santa Elena que se sirve en el real convento de los santos Mártires san Cosme y san Damián para que saliesen con su cofradía de penitencia de cruces de nazarenos el viernes santo, como antiguamente solían, a las quatro de la mañana; concedióseles la dicha licencia dando cien ducados de limosna para el dorado de la capilla de la Santa Iglesia”.


Jesús Nazareno de los Mártires, tras su restauración. Año 2000

          
LAS REGLAS DE LA HERMANDAD

 
   San Juan de la Cruz profesaba una profunda devoción a Jesús Nazareno. Existe la tradición en dicha Orden de que tal devoción arranca de un día, en que estando el santo postrado en oración ante el cuadro de Jesús con la Cruz a cuestas, que se conserva hoy en el convento de Segovia, la imagen le habló de esta manera:“Fray Juan, pídeme lo que quieras que yo te lo concederé por tu servicio”, a lo que Juan responde: “Señor, lo que quiero que me deis es trabajo para padecer por Vos y que yo sea menospreciado y tenido en poco”. 

    Esta devoción profunda a Jesús Nazareno la va inculcando en los conventos de la Orden, comenzándose, en muchos de ellos, a fundar numerosas hermandades de esa advocación, entre ellas, la del convento granadino de los Mártires, cuando estuvo aquí de prior.

     En cuanto a las Reglas de la Hermandad, como se ha transmitido por tradición oral en los conventos carmelitas, es muy probable , como hemos dicho, que San Juan de la Cruz redactara los Estatutos de ésta de Granada, al ser prior del convento en esas fechas.
   Se sabe que los Carmelitas Descalzos tenían la costumbre deimponer siempre unas mismas reglas a sus hermandades y aunque las de la hermandad granadina de Jesús Nazareno no se conservan, o al menos aún no han sido localizadas. Tales constituciones fuesen similares a las de otras hermandades del Nazareno sitas en conventos de esta Orden, tales como las de la Hermandad de Jesús Nazareno de Baeza, que redacta sus reglas en 1586-87, y que fueron copiadas de la granadina de Jesús Nazareno[6].También las de Mancha Real de 1596, eran copia exacta de los de la hermandad granadina que vienen a reproducir, según Ortega Sagrista en “Vida religiosa en Mancha Real... ”, las de la antigua Hermandad granadina, por lo que las de ésta última, necesariamente tuvieron que ser más antiguas. Por lo tanto, su contenido se puede conocer indirectamente a través de las reglas de las hermandades antes citadas[7]. También se sabe que San Juan de la Cruz redactó los estatutos de la Hermandad de Jesús Nazareno de los carmelitas de Úbeda.

   Las reglas de la Hermandad de Mancha Real e, igualmente, creemos que las granadinas, se iniciaban con la advocación principal de Santa Elena:

"… en memoria de lo mucho que por nosotros padesció y movidos por esta consideración y buen zelo ciertos hermanos devotos con chatolico zelo a la veneración y reverencia de la santísima cruz en que fuimos redemidos avemos ordenado una hermandad y cofradía cuyo nombre a de ser de Sta Helena y an de guardar los estatutos siguientes…" [8].


 Las reglas, de escasa extensión, se componían de once capítulos y declaraban, como motivos de la fundación de la Hermandad, el seguimiento por el cristiano, a imitación del Redentor, de su Santísima Cruz, portada por éste, con graves sufrimientos, camino del Calvario, y que por agradecimiento y a su imitación, ha  de ser cargada rememorando sus padecimientos.

   La función principal de instituto se celebraba con sermón y misa cantada el día 3 de Mayo, día en el que se celebra la Invención de la Cruz. Después había una procesión por el claustro en la que se portaba un crucifijo acompañado por los hermanos con cirios. Otra solemne función se celebraba el día 14 de Septiembre, día de la Exaltación de la Cruz, esta vez sin procesión. El día de los difuntos celebraba cultos por los hermanos fallecidos y otros solemnes en la Semana Santa.

   Luego tenían obligaciones semejantes al resto de las cofradías, como la asistencia con diez cirios a los entierros de los hermanos fallecidos, y con cuatro si era un familiar; sufragar los gastos de enterramiento y exequias, así como rezar el rosario por el alma del fallecido. Practicar la caridad, era un fin primordial de la hermandad de Jesús Nazareno, asistiendo a presos, enfermos y otros menesterosos.

   Se celebraban tres cabildos generales al año: uno el día de la Candelaria, en el que comenzaba a prepararse la estación de penitencia de la Semana Santa; otro el Domingo de Ramos, para concretar todo lo concerniente a dicha estación. Los cabildos los presidía siempre el prior de los carmelitas, que recordaba a los cofrades sus obligaciones como tales y reprendía sus faltas. Se llamaba a la hermandad a estos cabildos por escuadras no pudiendo llevar a ellos armas[9].

     No existía el cargo de Hermano Mayor, sus funciones las desempañaba el Alférez y por encima de él estaba el Prior del convento. También tenía la Hermandad un mayordomo, un secretario, un fiscal, consiliarios, diputados y jefes de escuadra o sección. Todos eran elegidos en el Cabildo de la Pascua de Resurrección.

     Estaban prohibidas las demandas públicas, financiándose la hermandad con las cuotas de entrada de seis o doce reales, según fuera soltero o casado el cofrade. También los sábados se daba la limosna que cada uno considerara conveniente y las multas que se imponían eran de media libra de cera.

          
            La Procesión 

    Parece ser, que durante los primeros años después de la fundación no realiza su estación de penitencia. Ésta empieza a efectuarse, según testimonio de su hermano mayor o mayordomo, por los años 1586 o 1587, cuando ya Pablo de Rojas le hubiera realizado la imagen del Nazareno.
        
   La estación de penitencia se va a desarrollar, como se hacia en la mayor parte de las hermandades de Jesús Nazareno, en la madrugada del Viernes Santo, iniciándola esta hermandad granadina a las cuatro de la mañana, como antes hemos referido.








     Siguiendo a Enríquez de Jorquera, al relatar la Semana Santa de 1612, en que volvió a salir tras la reduccion nos dice: “… dio licencia a los hermanos y cofrades de la antigua cofradía de Jesús Nazareno y Santa Elena, para que saliesen... el Viernes Santo por la mañana como antiguamente solían a las quatro de la mañana…para que saliesen con su cofradía de penitencia de Cruces de nazarenos….”[10]

   Todos los asuntos de la procesión de la madrugada del Viernes, se trataban en los cabildos celebrados el día de la Candelaria y, sobre todo, en el del Domingo de Ramos.

   Estas hermandades de Jesús Nazareno inician una segunda forma de hacer penitencia distinta de la común de disciplina. Al no ser hermandad de flagelantes, los hermanos portaban unas cruces en la estación de penitencia de más de dos metros de largo, constando documentalmente que también a éstos hermanos de Jesús Nazareno de Granada, como ocurría con los de Sevilla, se les denominaba por el pueblo como “... la cofradía de las cruces de nazarenos”, por las largas cruces que llevaban al hombro. También, en Granada, el pueblo la conocía como la “de las Cruces de Santa Elena”.

       
Foto Gúzmán Úbeda


   Los hermanos, después de confesados y comulgados, iniciaban la estación descalzos y en silencio. Los “nazarenos” portadores de cruces al hombro, iban delante de la imagen de Jesús Nazareno, vistiendo el sayal morado, y cíngulo de rudo esparto, portando, en muchos casos sobre su cabeza, una corona de espinas naturales y cabellera de estopa, en lugar de caperuz.

   Delante de la procesión iban dos niños vestidos de carmelitas que pregonaban: “ Esto se hace en remembranza de la Pasión de Nuestro Redemptor, Jesucristo...”. Era la imitación a Jesús en los padecimientos sufridos por la calle de la Amargura. Un estandarte morado les seguía, llevando las borlas dos caballeros y dos alcaldes con cetros, además de algunos hermanos jóvenes y fuertes, en prevención y defensa de la Hermandad, que solía tener problemas durante el recorrido, al chocar muchos años en disputas por prelación de paso con la hermandad trinitaria de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, que salía después, al despuntar el alba, y coincidir ambas hermandades en el Zacatín y Bibrambla, cuando la del Nazareno, que la precedía, iba ya de retirada hacia la Cuesta de Gomérez.

 A continuación, iban los hermanos organizados por escuadras (secciones o tramos) portando las cruces y cuidando de la vigilancia y orden un diputado o jefe de escuadra. Una vez pasado el primer tercio de la procesión, venia el paso del Nazareno, en unas sencillas andas escoltado por seis hermanos con cirios para su alumbrado. Después venían las andas de la Virgen, escoltadas por cuatro hermanos, y de la que ya sabemos, por un inventario de la Exclaustración, que tenía la advocación de Nuestra Señora de los Dolores. Por último, la Comunidad carmelita entonando salmos y cánticos penitenciales[11].
                 Ntra. Sra. de los Dolores del convento de los Mártires.
         
   Asimismo, procesionaba y daba culto a la imagen de la Verónica. Éste era un paso muy común en las Hermandades de Jesús Nazareno, como en las de Loja, Lucena, Baena, Puente Genil, Montoro o La Rambla, entre otras. La existencia de la imagen de la Verónica de la Hermandad de Jesús Nazareno de Granada, la tenemos ya documentada en el inventario de la capilla de Jesús Nazareno, que se hizo tras la exclaustración, cuando el párroco de Huétor Vega le pide al arzobispado las imágenes de la cofradía. Seguramente, la incorporación al cortejo de la Verónica fuera ya, en pleno siglo XVII, cuando en estas procesiones del Nazareno se escenifica el pasaje del “Encuentro”. En hermandades de Jesús Nazareno como la de Lucena (Córdoba), ya contaban con esta imagen de Santa Marcela o Verónica en el primer tercio del siglo XVII[12].

       
   En las reglas de estas hermandades carmelitas y, por tanto, de esta granadina también, se prescribía que para la procesión “… se quitasen y no se permitiesen enemistades entre ellos…… que en la procesión todos fuesen con el mismo vestido y calzado, sin exceder uno a otro…. que las cruces fuesen iguales y de la misma manera”. La emulación, muy común en estas hermandades, hacía que se cometiesen excesos en ese sentido.








         

     El itinerario de la procesión granadina, normalmente, era el siguiente: se recorría el Paseo de los Mártires en cuyo centro se erigían las cruces de su devoto Vía Crucis, y de allí se bajaría a la Ciudad por la Cuesta de Gomérez para hacer estación en la Santa Iglesia Metropolitana. En el trayecto se realizaban cinco estaciones en otros tantos templos ubicados en camino. Dicho número de estaciones se practicaban  en recuerdo de las Cinco Llagas que padeció el Salvador en su Crucifixión.

    Seguramente, tales iglesias en la que hacía estación la Hermandad, fueran: la de San Gil, situada entonces en la salida de la calle de Elvira a Plaza Nueva, los Hospitalicos o el Hospital del Refugio, el Santo Ángel Custodio, situado entonces donde hoy se encuentra el Banco de España. Quizá se acercara a San Agustín para hacer estación ante el Cristo de San Agustín de gran devoción ya en esta época, según nos dice Henríquez de Jonquera, y por último en el Hospital de San Sebastián, contiguo al Zacatín y a la Plaza de Bibrambla. Entraba en la catedral, y después, por la plaza de las Pasiegas y Bibrambla, llegaría al Zacatín, donde parece ser se reproducían muchos años los altercados con la Hermandad de la Pasión, como se ha dicho, por prioridad de paso. De regreso, subía por el Zacatín hasta la Plaza Nueva y por Gomérez regresaba a su sede de los Mártires, donde llegaba sobre las ocho de la mañana, hora de los oficios matutinos del Viernes Santo.  





    Otra procesión a la que la Hermandad de Jesús Nazareno asistía era a la del Corpus, en ella iban 10 hermanos con cirios y la Comunidad de Descalzos. En el año de 1603, se sabe que por estar la Comunidad carmelita en pleito con el Arzobispado, se excusaron de asistir, alegando que la hermandad estaba establecida fuera de los limites de la Ciudad, pues el hecho de estar en el recinto de la Alhambra la sustraía del ámbito administrativo de la ciudad, ya que en aquel recinto el mando lo ostentaba el alcalde de la fortaleza, el Marqués de Mondéjar, que mantenía autonomía con respecto a Granada.

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