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Recetas para 'salvar' la Semana Santa

02 mayo 2017

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Los episodios de caos y avalanchas humanas que este año se han producido en Semana Santa en Málaga y Sevilla volverán a repetirse y tenemos que aprender a convivir con ellos. No son hechos puntuales. Su génesis obedece a una suma de factores que señalan cambios profundos en el marco cultural en el que hasta ahora tenían lugar este tipo de celebraciones populares. Ésta fue una de las principales conclusiones a las que llegaron ayer María Jose Segarra, fiscal jefe de Sevilla; Javier Escalera Reyes, antropólogo social, y Antonio Garrido Moraga, filólogo y académico, en los coloquios organizados por EL MUNDO de Andalucía en la sede de la Caja Rural del Sur con el patrocinio de Movistar. Para la responsable del Ministerio Público en Sevilla, incidentes como los vividos la pasada Madrugada van a seguir ocurriendo, lo que obliga a toda la sociedad a reflexionar sobre cómo ordenar la convivencia en los eventos de asistencia masiva una vez que los modos tradicionales de hacerlo parecen haber sido superados por los acontecimientos. En su opinión, esta discusión no debería circunscribirse sólo a la seguridad o a las cofradías. "En la Semana Santa participa toda la población. Hay que convivir con esto y aliarse con las nuevas tecnologías, porque sólo la masa es capaz de controlar a la masa. Quizás habrá que pensar en poner más cámaras y buscar una mayor complicidad entre la policía y las cofradías".




Javier Escalera, profesor de Antropología Social en la UPO, aseguró que la esencia de las fiestas populares consiste en que la gente salga a la calle. "Esta forma tradicional de vivir los acontecimientos festivos requiere manejar códigos culturales que no se aprenden en la escuela, sino mediante la relación con los demás". A su juicio, esta cultura de calle no se ha perdido, continúa funcionando y hay que intentar mantenerla. "Lo que sí se ha producido es una aceleración del tiempo y una ampliación de los espacios donde se vive la fiesta. En Semana Santa siempre ha habido peleas. Lo que ocurre es que antes la propia gente las encapsulaba, mientras que ahora cualquier gamberrada es amplificada inmediatamente y llega al otro extremo de la ciudad en cuestión de segundos gracias a las nuevas tecnologías y a los medios. Tenemos que analizar esta compleja situación con sosiego y calma".
Resultado de imagen de incidente madrugaEscalera fue muy claro: "Si caemos en el catastrofismo lo que haremos es alimentar el exhibicionismo que está detrás de este tipo de sucesos. El factor realmente nuevo de estos episodios es el hooliganismo: la actitud de aquellos que se aprovechan de un espectáculo popular para convertirse en protagonistas". Teodoro León Gross, columnista de EL MUNDO, incidió en esta idea: "Se percibe (en los causantes de los disturbios) complacencia y una voluntad de exhibición impúdica". Antonio Garrido Moraga, exdirector del Instituto Cervantes de Nueva York, contextualizó esta afirmación: "El desbordamiento es una de las características de las fiestas populares, incluidas las religiosas. Si lo miramos con perspectiva histórica lo de ahora no es nada: un juego de ursulinas en relación con el siglo XVII, cuando hasta "se fornicaba en los días santos". Garrido recordó -con ironía- que en La Celestina se cuenta que en Semana Santa las casas de lenocinio se llenaban con penitentes alquilados, que representaban "el erotismo de la sangre". El problema, desde su óptica, es que en la Semana Santa no queda espontaneidad: "Es un espectáculo maravilloso que se ha cargado el poder".
Escalera aportó otro argumento: la diferencia de comportamiento cuando una cofradía discurre por su barrio de origen y cuando procesiona por el casco histórico camino de la carrera oficial. "El escenario oficial de la Semana Santa ahora es un espacio cerrado, y esto contribuye a la pérdida de sus significados. Cuando una cofradía sale por su barrio no pasa nada. Y no pasa porque la gente siente que el barrio es su casa. Por eso es muy difícil que en los barrios suceda lo mismo que en el casco histórico, donde se han perdido muchos valores culturales asociados a la fiesta porque lo hemos transformado en un parque temático".
Rafael Porras, director de EL MUNDO en Andalucía, pidió a los participantes propuestas para afrontar el problema. "No estaría de más que los policías que vienen de fuera a vigilar a las procesiones aprendan que una bulla no se ordena como un grupo de hooligans", dijo Escalera. León Gross propuso que los cortejos cofrades sean aleccionados para saber cómo dar respuesta a estas situaciones. Garrido insistió en la oficialización de la fiesta. En su opinión, la carrera oficial está "acartonada". También se mostró crítico con los que proponen implantar la ley seca o cambiar recorridos y horarios. "Como le quitemos el bar a la Semana Santa, hemos perdido la Semana Santa". Hubo coincidencia general en plantear soluciones al problema no exclusivamente desde la perspectiva del rigorismo religioso, sino con un prisma cultural abierto: la Semana Santa es un patrimonio de todos. La solución a esta crisis no puede venir únicamente del ámbito de las cofradías. Depende de toda la sociedad.





http://www.elmundo.es/andalucia/2017/04/28/59035dee468aeb917d8b4666.html

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