Historias de la Semana Santa de Málaga

12 mayo 2017

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Hace unos meses llegó a mis manos un ejemplar del libro Escritos de Abu Triana escrito por Carlos Schroeder, malagueño, hijo de pa
dres alemanes. El autor tiene entre otras virtudes el sentido del humor y el primer destello está en el nombre elegido para su editorial: El Boquerón Gordo. Ediciones.
Sin entrar en detalles de su original obra, con capítulos dedicados a personajes malagueños, cuentos y leyendas del Valle del Genal, temas históricos..., narrados con soltura, conocimiento de la Historia de nuestro país en la parte que dedica a temas variados (Cajón de Sastre), hay un par de páginas dedicadas al dolor de una madre judía malagueña, cuyo hijo fue ajusticiado en agosto de 1487 en la plaza de las Cuatro Calles, hoy plaza de la Constitución. La madre, que vivía en la calle Real (hoy calle Granada), al contemplar cómo llevaba a su hijo al cadalso, sin poder hacer nada para remediar aquel inmenso sufrimiento, se arrancó a cantar con voz desgarrada por el dolor una bella e infantil copla sefardí, llena de sentimientos. La comitiva se detuvo unos instantes hasta que el inquisidor ordenó continuar la triste marcha. Cada vez que aquella judía presenciaba un hecho similar se agarraba a los barrotes de la reja y les cantaba a los que iban a ser ajusticiados una copla de amor y despedida.
Carlos Schroeder termina el relato así: «Aquel hecho tan dramático se hizo habitual, luego costumbre y más tarde una tradición que ha llegado a nuestros días. Por ello, dicen que cuando el más grande de los nacidos recorre las calles malagueñas en los días barrocos de la Semana Santa, son esas saetas, cantos de madres angustiadas al ver cómo conducen a su hijo al cadalso».
¿Es este el origen de las saetas que se cantan en nuestra Semana Santa?
Subvenciones
Desconozco si la actual corporación municipal malagueña concede alguna subvención a la Agrupación de Cofradías para contribuir a su celebración. Quizá la ayuda consista en permitir la instalación de sillas y tribunas en el recorrido oficial de las procesiones sin cobrar tasa alguna.







No siempre ha sido así porque según la tendencia política de la mayoría las subvenciones se concedían o no. Por ejemplo, en 1910, en la reunión presidida por el alcalde, señor Albert, se debatió si se concedía o no una subvención para las procesiones de Semana Santa. Hubo 19 votos en contra y 13 a favor. Total, que no. Los republicanos que eran mayoría entendían que las procesiones debían costearlas las hermandades y no el Ayuntamiento. Diez años después, en 1921, el Cabildo sí tomó en consideración la propuesta de subvencionar las procesiones.
El auge de la Semana Santa iba hacia arriba ya en los años 20 del siglo pasado: una prueba de lo que suponía para Málaga la celebración religiosa es que dos años después (1923), la Renfe anunció que con motivo de la Semana Santa iban a ser organizados trenes especiales para traer a Málaga a viajeros que deseaban presenciar nuestros desfiles procesionales.
Si nos remontamos a épocas más remotas, el año 1795, el obispo de la diócesis, monseñor Ferrer y Figueredo, publicó un edicto para que las procesiones se verificasen de día y que las iglesias se cerrasen la noche del Jueves Santo, prohibiendo a las mujeres, bajo penas severas, que se sentasen en los bancos preparados por las iglesias para los hombres, ni en sillas llevadas al efecto. ¿Por qué? Misterio. ¡Cualquier obispo de nuestra época iba a firmar un edicto semejante!
A bastonazo limpio
Antes de que se fundara por iniciativa de don Antonio Baena Gómez la Agrupación de Cofradías de Semana Santa de Málaga, las cofradías pugnaban por llegar antes a la calle Larios. Se establecía una carrera para ver quién alcanzaba antes la meta, o sea, la principal vía de la ciudad. Tal era la rivalidad por ser los primeros en hacer el recorrido oficial, que en más de una ocasión entre los cofrades de unas y otras hermandades se liaban a bastonazo limpio para ser los primeros. Aunque los tronos quedaran atrás, varios nazarenos se plantaban a la entrada de la calle Larios para hacer valer sus derechos. A veces las discusiones sobrepasaban los límites de la educación y el respeto terminando la trifulca, como digo, a bastonazos. Al crearse la Agrupación, la costumbre de llegar los primeros a cualquier precio se canalizó por otros caminos, como la antigüedad de la fundación, de las salidas procesionales de las que se tenían documentos y, sobre todo, que imperara la buena armonía y se acabara con el execrable espectáculo.
Lo que son las cosas: años después, en lugar de querer ser los primeros en entrar en la calle Larios, lo deseado era entrar el último. A finales de 2014, o sea ayer, el problema de quién debe pasar primero o en último lugar se ha vuelto a plantear porque al aumentar el número de cofradías y de tronos la entrada de la hermandad o cofradía tendrá que adelantarse al mediodía. Cuanta más luz natural haya menos lucirán los barrocos tronos de nuestras hermandades. Si se siguen creando o recuperando hermandades desaparecidas, dentro de unos años las procesiones empezarán a las 8 de la mañana.
Un ejemplo de devoción
En la década de los años 50 o 60 del siglo pasado, cuando el trabajo en España escaseaba y la emigración era una salida para muchos jóvenes, un acuerdo entre los gobiernos de España y Australia permitió que muchos españoles optaran por el quinto continente arrostrando el riesgo de no regresar nunca al país que les vio nacer. Regresar de Francia, Suiza, Alemania... después de una estancia más o menos prolongada entraba en lo posible; retornar desde Australia, salvo casos excepcionales, era casi una utopía. Los que embarcaban en Málaga en aquella época para iniciar una nueva vida en Melbourne, Adelaida o Sidney lo hacían convencidos de que nunca más volverían a pisar la Alameda, pasear por la calle Larios o tomar un café con sus antiguos amigos y familiares.
La emigración, todo hay que decirlo, se hizo con todas las garantías. Los que se iban tenían asegurado un puesto de trabajo y contaban con la ayuda de un funcionario del gobierno español que se encargaría de que todo discurriera con tranquilidad y sin sobresaltos. En una o dos expediciones los inmigrantes malagueños contaron con la presencia del inspector de la Delegación de Trabajo en Málaga, don Joaquín Muñoz Cano, que los acompañó hasta Australia y regresó cuando se resolvieron todos los trámites de ingreso en el país e incorporación al puesto de trabajo prometido. El propio Muñoz Cano, que llegó a ser concejal del Ayuntamiento de Málaga, me contó incidencias de los largos viajes.
Muchos años después, hacia el año 1986 o 1987, supe por el hermano mayor de la Cofradía de Jesús Cautivo, que cada Lunes Santo venían a Málaga dos hermanos desde Australia para sacar el trono del Cautivo. Se trasladaban desde el quinto continente expresamente para cumplir esa devoción o promesa que hicieron cuando emigraron al lejano país. Los dos hermanos querían mantener en la más absoluta privacidad esta muestra de amor al Cautivo. Aunque traté de llegar a estos personajes no lo conseguí en los dos o tres años que lo intenté, para que me contaran su historia o lo que ellos tuvieran a bien relatarme.






Ya han pasado muchos años y seguramente aquellos misteriosos viajes dejaron de producirse por razones obvias. Brindo la idea por si alguien está interesado en ampliar la historia.
Cruz de carey
Aunque he leído muchos libros, publicaciones y artículos sobre nuestra Semana Santa que han aparecido y que en cada conmemoración se repiten los mismos textos y otros que vienen a enriquecer la historia de nuestras hermandades y cofradías, apenas sí he hallado referencias concretas sobre la destrucción de la Cruz que portaba Nuestro Padre Jesús El Rico antes de la quema de conventos de 1931 o en las barbaries de 1936. La Cruz de Jesús El Rico fue destrozada. Era de carey, una pieza de gran valor y creo que única en nuestra Semana Santa.
Según mis datos, que no puedo demostrar porque proceden de una versión oral que me contaron de niño, con los restos de la cruz de carey se fabricaron o elaboraron unas pequeñas cruces de 5 centímetros por 3, con las cuatro puntas en plata de ley. Ignoro cuántas se elaboraron y cuántas se conservan. No sé si en la Casa Hermandad de la Cofradía en la calle Alcazabilla, junto a los tronos, túnicas, bocinas, estandartes y demás ornamentos y enseres se conserva alguna de aquellas cruces de gran valor sentimental. Yo poseo una que me entregó mi madre poco antes de morir. Le tenía un gran cariño y devoción.
El trono de la Virgen del Gran Poder
Recién terminada la Guerra Civil las hermandades y cofradías de nuestra Semana Santa iniciaron una etapa de reorganización y reconstrucción. Con lo que salvaron de las atrocidades de 1931 y 1936 empezaron de nuevo, una tarea que 80 años después continúa porque es una tradición viva y en pleno crecimiento. No hay cofradía que cada año no haga alguna mejora en sus enseres. Ya casi todas tienen una Casa Hermandad, han renovado los tronos rebajando su peso pero no su tamaño, han creado sus propias bandas de música para acompañar a los titulares en sus salidas procesionales, celebran un pregón, crean su propio cartel anunciador, atienden a necesitados de la parroquia a la que pertenecen... y suma y sigue porque el movimiento cofradiero, pese al paso de los siglos, está en plena ebullición.
Volviendo a sucesos o hechos pasados lamento no haber encontrado referencia ni documento gráfico alguno sobre el trono que un malagueño regaló a la cofradía o hermandad de Nuestro Señor de la Misericordia (El Chiquito) y Nuestra Señora del Gran Poder, con sede en la parroquia del Carmen.
El diseño y estructura no gustó. Era un trono, con palio incluido, de estilo arabesco. El palio era rígido sin el balanceo que se produce al ser llevado a hombros. Pese a que su costo debió ser alto, la cofradía decidió no volverlo a utilizar. Esto debió suceder hacia el año 1940 o 1941.
http://www.laopiniondemalaga.es/malaga/2015/04/03/historias-semana-santa/755754.html

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