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Historia de la túnica

14 mayo 2017

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Hasta el siglo X la única pena canónica que existía era la práctica de la penitencia pública, el grandísimo arraigo de estas costumbres, el particular concepto de cristiano y la propia realización de la penitencia en la Edad Media, establecen una práctica piadosa en vestir de saco a los moribundos para poder morir como penitentes.

Al surgir las asociaciones y grupos de carácter penitencial, adoptan como señal de su arrepentimiento el tipo de vestidura tradicionalmente tenida como los penitentes.

La vestidura penitencial de estos principios fue adaptada a su primitiva intención: la flagelación, esta se componía de una túnica, no talar sino algo corta de basto lienzo crudo, con abertura a la espalda o al pecho con el fin de que al desabrocharse se pudiera dejar caer sobre el cinto al tiempo de flagelarse.

La túnica se ceñía a la cintura con una soga de esparto que previamente se pasaba por el cuello y se anudaba en el pecho, todos estos penitentes, salvo raras excepciones, iban descalzos y comúnmente se cubrían la cabeza con capirote romo de la misma tela de la túnica, fue a partir del siglo XVI cuando solían llevar capirote alto.

El pasar de los siglos, conlleva el lógico cambio de criterios, actitudes, costumbres sociales, influyeron, también en las procesiones penitenciales, que se llevan a cabo con gran luctuosidad, a su vez acentuada por el quejido de las trompetas destempladas, todo esto conduce a la creación de una nueva vestidura penitencial, que con la huella de los siglos, traducida en diversas variantes y cambios ha llegado hasta hoy.






En el estilo de la túnica apreciamos la evidente influencia de la loba o sotana, propia de nobles y clérigos en la Edad Media, que luego en color negro se usaba como prenda de luto, y desde el año 1502, la sotana de paño negro, cerrada y con larga cola, fue prenda de uso obligado en realeza, la mayor o menor longitud de la cola eran señal de mayor o menor sentimiento y dolor.

Por fin se adoptó como vestidura penitencial la sotana con aberturas laterales por donde sacar las manos, y de larga cola, siendo el complemento de esta el capuchón que cubre la cabeza, surgiendo así, junto con el cíngulo de esparto, la vestidura penitencial de los actuales penitentes.

Sobre este esquema cada hermandad, según su propia tradición, estableció la vestidura en particular para sus hermanos, en cuanto a las telas y los colores se consideraba la tela más apropiada el lienzo en sus diversas clases (lino, cáñamo, estopa), pero siempre crudo, aunque también se uso el anjeo, llamado así por ser originario de Angers (Francia), pasados muchos años se comienza a introducir el ruan; con este nombre se designaban distintos tejidos que lo único que tenían en común era su procedencia: Rouen (Francia), aunque el usado para las túnicas y capirotes era un lienzo de algodón de roeun, pero bruñido, lo cual iba en contra de las normas dictadas en el Sínodo de 1604 por el Arzobispo de Sevilla, Cardenal Niño de Guevara. En cuanto al color, en un principio, con rarísima excepción, solo se usaron tres colores; el blanco de lienzo crudo en su color natural, el morado en sus diversos matices, y el negro, siendo este último el de mayor aceptación.

El capirote en un principio era un sencillo gorro de tela que cubría la cabeza y el rostro, para más tarde crecer en altura armado por su similitud con la corona de los penitenciados por la inquisición.

Los penitentes de la cofradía de Santa Cruz en Jerusalén se cubrían el rostro con una peluca larga de crenchas de cáñamo bien cardado, afianzada con una corona de espinas, llevando por mayor penitencia una cruz al hombro, por esto los penitentes de Santa Cruz de Jerusalén eran llamados nazarenos, denominación que posteriormente se extendería a los del resto de las cofradías.

Los actuales cinturones de esparto vienen de las antiguas sogas al cuello y cinto, siendo muy utilizados durante los siglos XVIII y principios del siglo XIX, los cintos de una cuarta de anchos y de terciopelo o cualquier otra tela y conveniente color, como los utilizados por algunas cofradías de Jerez, y que en otras ciudades han desaparecidos ya totalmente.

La utilización de los escapularios se debía más a la semejanza con los hábitos de alguna orden religiosa.







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