Doce años coronada

24 mayo 2017

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La comunidad cofrade cordobesa no deja de verse envuelta en una constante lluvia de noticias ya sea con motivo de las procesiones propias de la época en la que nos encontramos, por el anuncio de cualquier ilusionante proyecto o por alguna celebración o conmemoración, capaz de hacer al pueblo volver la vista para, así, posar la mirada en el que en su día fuese un acontecimiento histórico.

En esta última línea, Cabra se dispone a celebrar ni más ni menos que el XII Aniversario de la Coronación de la Virgen de la Sierra, hecho que se producirá el próximo sábado 27 de mayo, lo cual lleva, además, implícita la pertinente Exaltación de las Glorias de María, responsabilidad que recaerá sobre Francisco Corpas Mesa. Unos días más tarde, concretamente el 4 de junio, se llevará a cabo la Santa Misa que, como cabe prever, tomará como escenario el Santuario.

En aquella recordada Coronación Pontificia, desempeñó un trascendental papel Monseñor Juan José Asenjo Pelegrina, arzobispo de la capital hispalense, que dirigió la solemne ceremonia mediante la que la querida y venerada Virgen de la Sierra fue coronada. Sus palabras no fueron otra cosa que el vehículo mediante el que poner de manifiesto la emoción y el deseo del pueblo de ver cumplido su perseguido propósito para con la patrona de Cabra, a fin de hacer de este modo justicia con una devoción tan fuerte como antigua.







No fueron pocos los actos previos que hicieron de antesala de la ansiada coronación, entre los que se contaron exposiciones, conferencias, penitencias, catequesis e incluso una semana mariológica. Evidentemente, un acontecimiento de estas características solo podía quedar resuelto de la mejor manera posible, pues había sido preparado con gran entrega, ilusión y cariño por parte de los hermanos de la Archicofradía de la Virgen de la Sierra así como por los propios sacerdotes de la entusiasta población de Cabra, logrando desarrollar un emotivo acto que llegó a congregar hasta un total de 15.000 personas en la Ciudad Deportiva de la Juventud.

Cupo destacar entre los asistentes al alcalde Ramón Narváez, la Ministra de Cultura e incluso los Duques de Soria, llamados a convertirse en padrinos de la función. Como cabe imaginar, entre todo aquel ambiente, cargado de emoción, el punto álgido llegó entrada la noche, cuando el entonces obispo coronó al Niño y a Nuestra Señora de la Sierra respectivamente, imponiéndoles las dos hermosas joyas que para la ocasión habían sido ejecutadas por los sevillanos Hermanos Marmolejo. Las preseas debían su adquisición a la donación de cientos de egabrenses que no dudaron en aportar su granito de arena con el objetivo de ver coronada a la Santísima Virgen.

Durante el sermón, Juan José Asenjo no titubeó en traer al momento la figura del influyente Juan Pablo II, quien autorizase la coronación que hoy recordamos y ánimo a ver, a través de esos instantes, a María como la esperanza y el cobijo que tan necesarios son a veces, encontrando en ella el impulso y apoyo requerido para afrontar las vicisitudes a las que nos vemos abocados.

Los 800 años de historia de fervor y devoción ininterrumpida quedaba sellada con el calor de los allí presentes que sentían honrar a la Virgen de la Sierra y el lugar preferencial que durante tanto tiempo ocupó en el corazón de sus fieles y de Cabra en definitiva.

Por supuesto, no faltó el acompañamiento musical que contó con la colaboración y los sones de la Coral Ramón Medina, la Coral del Centro Filarmónico de Cabra, la Orquesta de Cámara de Córdoba, el Grupo de Cámara del Centro y la Banda de Música de Cabra, quienes contribuyeron a la creación de un magnífico repertorio que culminó con las Coplas a María Santísima de la Sierra y el Himno de la Coronación.

Al fin de la ceremonia, la Virgen de la Sierra emprendió su camino de regreso a la Parroquia de la Asunción y Ángeles, templo al que llegó avanzada la madrugada, tras recorrer las calles egabrenses, previamente decoradas con colgaduras y en mitad del júbilo y el sentimiento satisfecho del pueblo que tan orgulloso se siente de Ella.

Cabe recordar, para entender esta hermosa tradición, que la imagen de Nuestra Señora de la Sierra fue proclamada patrona de Cabra en 1908, alcaldesa perpetua desde el 8 de septiembre de 1958 y finalmente coronada gracias al reconocimiento del papa Juan Pablo II en la fecha del 4 de junio de 2005, tras haber visto frustrados varios intentos anteriores a principios y mediados del pasado siglo XX.

La queridísima Virgen de la Sierra es una talla de autor desconocido, realizada en madera policromada, de estilo gótico arcaico y cuya elaboración, se estima, pudiera tener lugar a finales del remoto siglo XIII o principios del XIV, con lo que estamos, por lo tanto, ante una de las imágenes de mayor antigüedad del territorio cordobés. De acuerdo con los cánones góticos, la patrona de Cabra es una talla completa, concebida en una posición de evidente hieratismo, con una imperante frontalidad y una expresión serena caracterizada por unos llamativos ojos azules verdosos.

Por su parte, el pequeño Niño Jesús que la Santísima Virgen sostiene en sus brazos, es una imagen de hechura posterior, lo cual explica la diferencia estilística entre ambas tallas, puesto que al dulce infante hay que ubicarlo ya en el Barroco, ya que su realización data del siglo XIII.

Así, la historia de la Virgen de la Sierra hay que ubicarla en los primeros tiempos del cristianismo, cuando un discípulo de Santiago, Hesiquio, entró en la actual Cabra, entregando al pueblo de la zona una imagen de la Virgen que, en teoría, él había recibido de manos del propio San Pablo y anteriormente había sido tallada por San Lucas. Entonces, Nuestra Señora de la Sierra habría sido depositada en el interior de una casa hasta que se construyó una iglesia donde antes había existido un templo levantado a la diosa fortuna y la Santísima Virgen pasó a ser colocada en el interior de la reciente edificación.

Las historias narradas a través de los siglos señalan también al obispo Arcesindo como el responsable de que la patrona fuese escondida en el año 714 en una cueva de la Sierra, ante la crítica situación que se presentaba cuando tras la batalla de Guadalete, la monarquía visigoda, representada hasta entonces por Don Rodrigo, desapareció para dar lugar al poderoso islamismo.

En la misma tónica, muchos sitúan a un preso cordobés como la persona que, escapando de su cautiverio, sometido a las presiones de su amo – quien trataba de forzarle a renegar de su fe para convertirse al islam – halló a la Virgen de la Sierra en torno a 1240 en una gruta situada en lo más alto del denominado picacho de la Sierra de Cabra, que se correspondería con la cueva en la que habría sido ocultada tiempo atrás.

Poco tiempo más tarde, el 15 de agosto de 1240, las tropas de Fernando III el Santo se hacían con Cabra para sumarla a los territorios de la corona, hecho que daría pie al que el mencionado preso se personase ante el Rey para hablarle de su hallazgo. Así las cosas, este último se pondría en contacto con el Obispo de Córdoba, decidiendo finalmente emprender una marcha con la idea de rezar ante la Santísima Virgen, dando así lugar a una devoción que ha conseguido perpetuarse, manteniéndose viva gracias a la devoción de un pueblo incapaz de comprender sus costumbres sin la presencia de su venerada patrona.

http://www.gentedepaz.es/doce-anos-coronada/

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