'Una extraña percepcion' de Jerez

21 abril 2017

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Nunca he sido de escribir reseñas sobre la Semana Santa, salvo algunas líneas en el muro de mi perfil en Facebook, donde casi siempre me quedaba con lo bueno vivido. Las impresiones negativas las dejaba para las tertulias en la Hermandad mientras se desmontan los pasos y se guardan y limpian los enseres. Pero este año ha sido muy diferente, he percibido una degradación de nuestra Semana Mayor que nunca antes había visto. Tenemos una Semana Santa envidiable en cuanto a patrimonio y material humano. Una Semana Santa que cada año incrementa el número de nazarenos que las cofradías ponen en la calle y se la están cargando.

Me viene a la mente en este momento, el ya lejano en nuestra memoria mes de enero. Mes en el que se celebra FITUR y en el que pudimos ver, con falsa sonrisa en la cara, a nuestros representantes municipales “vender la moto” de la mejor Semana Santa del mundo a los allí presentes. Ver como el trabajo de miles de personas se tira por los suelos es algo realmente vergonzoso. Como el Consistorio da la espalda a la celebración más importante de la ciudad junto con la Feria del Caballo. Y ojo, que no sólo le echo la culpa al Ayuntamiento, que pienso que la propia Unión de Hermandades tiene mucho que ver. Están intentando convertir nuestra gran Semana Santa en una feria, una feria a la que sacarle la mayor rentabilidad monetaria posible, aunque ello signifique exprimir hasta la última gota del alma de esta querida ciudad.

Me río yo cuando intentan lograr que se declare nuestra Semana Santa de Interés Turístico Internacional, me imagino a las personas responsables de incognito por la ciudad mirándose, con cara de póker mientras presencian atónito la situación de la ciudad. Sólo había que darse un pequeño paseo por Jerez, la que una vez fuera denominada la Ciudad Convento, por unos días se convierte en la Ciudad Carrito. Atónito me quedé la primera vez que vi pasar una cofradía por la Plaza del Arroyo. Una marea carros de chucherías, a escasos 10 metros de distancia el uno del otro. Luces encendidas, sus tambores y trompetas colgando propiciando que el niño de turno moleste al paso de las cofradías ante la pasividad de unos padres que no enseñan valores, las espadas láser que me hacían preguntarme si estaba intentando ver bajar a la Borriquita por Calle Cruces o me encontraba inmerso en una convención de Star Wars. Carros y más carros por cualquier parte.

Carros colocados en primera fila que evitaban poder presenciar el discurrir de las cofradías, persiguiendo a las hermandades como si de un enser más se tratase, y por cierto, no intentéis nunca pedir por favor que se aparten o simplemente que apaguen la luz. Te enteras después, que se han repartido más de 90 licencias de carritos y no das crédito. Me parece muy bien que se tengan que ganar la vida, pero esta cantidad es insostenible y además su presencia debería de estar delimitada a ciertas zonas donde colocarse, nunca a escasos metros del paso de las cofradías. Por cierto, he visto más carros que Policías. De vergüenza por ejemplo, cuando llegué con mi querida Cofradía de Dolores a la Plaza San Lucas. La Virgen llegaba de manera gloriosa y con total recogimiento de los allí presentes a los sones de Soleá dame la mano. Entras en la plaza completamente a oscuras y ves que no sirve para nada ya que hasta 9 carros se amontonan en la recogida y todos ellos con las luces encendidas.

Un premio habría que darle a quien decidió colocar un puesto de hamburguesas frente a la estatua de Manuel María González, sin dudas una estampa única y preciosa que guardaré en mi retina el resto de mi vida, en fin... Puede que esté siendo muy duro, pero necesito soltar todo lo que siento, porque amo a esta ciudad y adoro su Semana Santa.

La Carrera Oficial más de lo mismo. De vergüenza apreciar, bajo el anonimato de la túnica nazarena, como parece que estás pasando por las gradas de un estadio de fútbol. No veo normal, que mientras está pasando una cofradía haya un vendedor ambulante por dentro de los palcos, sí por dentro, gritando: “Avellanas, camarones, patatas... un eurooooooo” como si no hubiera ya suficiente ruido de los presentes. De las imágenes vividas por ejemplo el pasado Jueves Santo delante del paso del Cristo de la Esperanza en el cruce de la Rotonda de los Casinos que decimos, simplemente vergonzoso. En las imágenes de 8tv pudimos apreciar la denigración completa de la ciudad. Los cofrades de la Vera-Cruz impotentes al ver como no podían continuar su discurrir por plena Carrera Oficial, los Guardias Municipales pasivos totalmente sin hacer su trabajo hasta que llegó un Policía Local. De las tres señoras muertas de risa ante la situación mientras estaban apoyadas en la valla observando lo que allí acontecía mejor no digo nada. Está claro que tienen que hacer algo con los pasos de peatones, que son precisamente eso, paso de peatones. ¿Mi solución? Poner unas mamparas a modo de puertas que eviten la visibilidad, así el público no se amontona en sitios que tienen que ser de paso... como si no hubiera Calle Larga o sitios de la Carrera Oficial donde poder ver el discurrir de las cofradías.
Si hablamos del tema de seguridad me rio yo de los estados de alerta antiterrorista. Habría que hacer una denuncia pública y unánime al Ayuntamiento de Jerez por todo lo acontecido en esta semana. Autobuses y coches pasando por medio de los cortejos, coches sin quitar, calles sin cortar y una muy deficiente presencia policial. Yo me sigo preguntando por qué se da tanta manga ancha en los días pasionales. Cualquier día normal vas con un vaso por las calles del centro o haces botellón y te multan, pero en Semana Santa todo está permitido. Una ciudad sin ley. Y la limpieza... bueno, como envidio el servicio de Lipasam de la capital hispalense.

Estas son las cosas que tenemos que aprender de Sevilla, cómo cuidar lo que tenemos y no tirarnos piedras sobre nuestro propio tejado, aunque como hemos visto, algunos por aquellos lares también intentan destruir lo que tienen. Como ya dijo Amadeo de Saboya, los peores enemigos de España somos los propios españoles.

Termino que me he extendido más de la cuenta, no sin antes decir a esa señorita que en la Plaza de la Asunción montó su teatro perfectamente orquestado, que en el caso que fuera cierta su plegaria estás se hacen internamente, como lo hacen todos los presentes al paso de Cristo y Santísima Madre. La Saeta es arte, una oración cantada Patrimonio Inmaterial de la Semana Santa de nuestra bendita tierra que es Andalucía. No hay que confundir democracia con libertinaje, la democracia no es hacer lo que uno quiera cuando a uno le dé la gana.
Ya sólo nos queda soñar con una nueva Semana Mayor, y esperando que en estos algo más de 340 días que quedan para un nuevo Domingo de Ramos se pongan solución a los problemas vividos y podamos decir con orgullo que tenemos la mejor Semana Santa del mundo. Hasta entonces nos queda el recuerdo y revivir los grandes momentos vividos que son muchos.

http://www.masjerez.com/noticia/fccji/una-extrana-percepcion-antonio-jesus-vargas

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