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Un pregón de los de antes, de los de siempre, de los de verdad en Córdoba

04 abril 2017

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​Había ganas de pregón en la Córdoba Cofrade. De un pregón de los de verdad, de los de antes, de los de siempre, un pregón cofrade hecho por un cofrade, dicho por un cofrade, intenso, sincero, certero, lejos de las absurdas parafernalias que hemos sufrido en esta ciudad en los últimos años, que pasaron de los fuegos de artificio mediáticos e insustanciales a las trincheras políticas de las que la mayor parte de los cofrades de la ciudad de San Rafael quieren huir más allá de la legítima defensa de los derechos que nos asisten.

Lo decía el propio Paco Mellado en la entrevistavista que nos concedió hace algunas semanas en su casa de hermandad, allá en el Zumbacón. No pretendía sorprender con su pregón. Pretendía que fuese un pregón cofrade en un idioma que los cofrades entiendan. Y así ha sido, para satisfacción de los que pensamos que los experimentos han de quedar enclaustrados en el laboratorio.

No se llenó el Gran Teatro, pese a la numerosa presencia de personalidades invitadas, con el Obispo de Córdoba, la Consejera de Cultura y la Alcaldesa de Córdoba a la cabeza, como no suele llenarse en evento de estas características. Sí sorprendió la presencia de un considerable número de caras jóvenes en el patio de butacas y en los palcos, evidenciando que la nueva generación está mucho más preparada de lo que algunos aventuran y no sólo dedican su tiempo en conciertos de cornetas y tambores.

Comenzó el evento la Banda de Música de María Santísima de la Esperanza que interpretó un repertorio netamente cordobés compuesto por las marchas Jesús Rescatado, La Virgen del Carmen, la esperadísima Mercedaria y la maravillosa Saeta Cordobesa, estas dos últimas despedidas con una sonora ovación, que lograron crear el clima propicio para alcanzar el punto de ebullición en el momento preciso.

La presentación del pregonero corrió a cargo de Miguel Ángel de Abajo, amigo personal del protagonista y experto en estas lides, quien saludó de pasada a las autoridades y “sobre todo a ti cofrade, que haces posible esta celebración. De Abajo enfatizó que la palabra estimula la imaginación y requiere concentración. Propuso por tanto concentración para que un acto que se nutre exclusivamente de la palabra alcance su objetivo. “Este es el pregón de una Semana Santa principal, de la recuperación de las estaciones ante el Santísimo, la de la Cátedral” dijo Miguel Ángel, para realizar una pequeña semblanza autobiográfica del pregonero, arrancando algunas sonrisas entre el público con sus comentarios y alguna hermosa anécdota, como el recuerdo de que los primeros que le felicitaron por su nombramiento fueron los presos de la cárcel, con hermoso un tríptico del que le hicieron entrega.

Comenzó Paco Mellado su pregón en Santa Marina que es el principio de todo. Porque cuando el Señor Resucitado atraviesa las puertas de su templo los cofrades nos apenamos porque llega a su fin pero nuestro corazón cristiano sabemos que es el principio de una nueva Semana Santa. Tuvo unas palabras para las personalidades asistentes y un recuerdo especial para su familia y la pequeña Raquel, la más joven de su familia, a quien le dedicó su pregón.

A continuación rememoró las chicotás de gloria de la Fuensanta, a cuyo lado, en Septiembre, comienza el descuento más hermoso. Un septiembre que culmina alrededor de su Reina Mercedaria. Dedicó unas palabras sentidas para esos conservatorios callejeros, esos jóvenes que con su sacrificio engrandecen su Semana Santa.

Mellado comenzó un emotivo recorrido saltando por los diferentes templos de la ciudad, María Auxiliadora, San Roque, San Lorenzo… siempre su verbo alimentado de ese indiscutible latir mariano que hacer vibrar su corazón.

Especialmente emotivo fue su recuerdo para aquellos que ya no están para, apoyado en el maravilloso Remedio de Ánimas, recordar que la muerte no es más que un tránsito hacia una vida mejor.

“Habrá arquitectura más perfecta que un paso de palio?” se preguntó Mellado mientras continuó desgranando cada una de las devociones que preñan la ciudad a medida que prosiguió su avance temporal ficticio, metafórico, mes a mes, camino de la primavera, deteniéndose en el Diciembre de Esperanza y los gestos solidarios de la Navidad cofrade.

Fuerte y ácida crítica de Mellado al preguntarse si en Córdoba había Cabalgata de Reyes Magos, que calificó de horror que anticipa el Carnaval lo que provocó una sonora ovación del público.

“Menos mal que culmina Enero”, dijo Mellado, “junto a la Paz para salvarnos de este mal recuerdo”, una Paloma de Capuchinos “que no necesita corona que la engrandezca”. Continuó su recorrido con el Febrero de la Candelaria que anticipa la Cuaresma cuando los cofrades llenan de barroquismo los templos con los altares de cultos que inundan la ciudad.

Especialmente sentido fue su recuerdo a María de la Soledad una de las más bellas imágenes de la Córdoba Cofrade sobre la que pesa la cruz mientras Ella contiene el llanto, la cruz de los que sufren por las vicisitudes cotidianas, el paro o la droga.

También dedicó unas palabras especiales al Nazareno de las promesas, Jesús Rescatado, a quien acuden las personas del pueblo, los que solo entienden de devociones y no viven encorsetados por los condicionantes estéticos que tanto entusiasman a los cofrades.

Recuperó el tono crítico cuando reclamó la formación auténtica, para el cofrade, más allá de saber de marchas o ensayos costaleros, que sean capaces que relativizar lo accesorio frente a lo que de verdad importa, su dimensión religiosa, que diferencia a las Cofradías de las peñas o las ONGs al tiempo que exigió para los cofrades el lugar que le corresponde en esta sociedad.

Acudir a la Catedral no es copiar a otras ciudades, aseguró Mellado, ni una novedad sino que tiene su origen en el siglo XVI. Recordó que las Cofradías son el tejido asociativo más potente de la sociedad y calificó de demagogia calificar de agresión al patrimonio abrir una puerta. Defendió la acción de la Iglesia en la conservación de un edificio histórico que subsiste gracias a su uso continuado y “si no que se lo pregunten al Convento de Regina”.
Ironizó sobre las críticas estériles de quienes buscan la foto y el momento de gloria que buscan quienes “no han visto jamás un varal y desconocen lo que es un fleco de bellota” al tiempo que reivindicó acudir de manera inexcusable “al lugar de donde emerge la condición espiritual de nuestras Cofradías, que nunca estuvo en las Tendillas”.

No obstante, el punto más emotivo de su alocución, como no podía ser de otro modo, fue para su Virgen de la Merced, a quien dedicó un sentido romance recordando su última presencia en la Catedral, hace veinte años, en aquella añorada Madrugá y el especial sentimiento que recorrerá su alma cuando vuelva a ocurrir el próximo Lunes Santo. Un sentimiento que evidenció inmediatamente un instante antes de mostrar su ilusión ante la inminente salida a la calle de la Virgen de la Salud, la Divina Enfermera, cuyos músicos llevan cada año su música a los niños del Meternos Infantil, para acercarles el olor a incienso a quienes no pueden buscarlo en la calle.

Un nuevo tramo de dura crítica llegó de la mano de Mellado al recordar la ingente obra social de las Cofradías sobre la que “ningún nuevo grupo político se le ha ocurrido hacer una consulta popular para evaluar su dimensión” y que mantienen los pilares de buena parte de la sociedad, sobre los que “ningún obsesionado concejal ha preguntado si se erigen o no en base a una inmatriculación”.

Especialmente emotivas fueron las palabras de Mellado para la Señora de Córdoba, recordando el Viernes de Dolores, la Virgen de San Jacinto que es un pellizco en el alma porque permanece inalterable al paso del tiempo, porque decir Dolores es impregnarse de Córdoba. Y para el Cristo de Gracia de quién recordó la efemérides que celebra el año venidero.

Caído rodilla a tierra en la Cuesta de San Cayetano, Císter y el universo que creó Fray Ricardo, Cerro y los ojos verdes de la Encarnación… Mellado tuvo un hueco para todas y cada una de las maravillosas devociones íntimamente entronizadaen con la verdadera esencia de la ciudad conformando un excelente pregón, redondo potente y cofrade, sobre todo cofrade que culminó con una extraordinaria intensidad y una atronadora y merecida ovación del público asistente. Un pregón con mayúsculas. El que Córdoba merecía y necesitaba. Un pregón de los de antes… de lo de siempre… de los de verdad.

http://www.gentedepaz.es/un-pregon-de-los-de-antes-de-los-de-siempre-de-los-de-verdad/

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