¿Qué queremos que pase?

14 abril 2017

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La pregunta es directa y cada uno la debe responder con la mayor sinceridad posible: ¿de verdad esperábamos que la Madrugada y la Semana Santa se iban a salvar de la degradación de la convivencia en la ciudad? ¿Alguien pensaba que el fervor religioso, el respeto debido a las imágenes más queridas de los sevillanos iba a ser dique de contención suficiente contra la marea de zafiedad que nos invade?

Lo que ha sucedido en la Madrugada, la noche más hermosa que fue de la ciudad, no es más que el síntoma, un termómetro del incivismo, la falta de urbanidad y el deterioro de las relaciones interpersonales en plena calle. Si nos duele más es porque amamos la Semana Santa y nuestras hermandades, depositarias de un legado de siglos, pero no hay nada de lo que ha sucedido esta noche que no se repita desgraciadamente cada fin de semana. Sólo que no nos damos cuenta.

El Ayuntamiento, el centro de coordinación operativa y los agentes de policía han hecho su trabajo. Gracias por haber evitado males mayores. Las vallas, los pasillos de evacuación y las calles cortadas de las que tanto nos quejábamos desde el Domingo de Ramos han cumplido su misión y nos han ahorrado lesiones, heridos y quién sabe si algo más. Han informado con rigor y sin alarmismo al minuto de cuanto estaba sucediendo, pero no es ese el problema.

El problema se ha incubado durante décadas. Hemos relajado tanto nuestra compostura en el espacio sagrado de la vía pública que todo -o casi todo- está permitido. No sólo en la Madrugada, sino cualquier día del año. ¡Si hasta en los palcos los chavales corretean y se saltan las barandillas como si tal cosa! Hemos transgredido los principios básicos de la convivencia: contención, moderación, prudencia. Y ese monstruo que hemos alimentado entre todos -también los periodistas, no me quiero quedar fuera de esta expiación- se nos ha ido de las manos.

La Madrugada está a merced de cuantos quieran venir a cargársela. Entre otras cosas, porque esas generaciones educadas en el respeto reverencial a las imágenes, en la propia limitación del proceder propio en aras del bien común, en el saber estar en todo momento hace mucho que dimitieron, se aburrieron o directamente se han muerto. Y en su lugar, una caterva de desalmados, oportunistas y canallas se ha adueñado de la Madrugada. Y de la ciudad todo el año, sólo que no lo vemos.

No es un problema de orden público. No es cuestión de detener a ocho o a ochenta alborotadores. Es un problema de convivencia, de compartir el espacio público y saber cómo comportarse. No es la Madrugada la que queda herida de muerte -aunque se repondrá, se reinventará y volverá por sus fueros, siempre ha pasado, no hay más que leer la historia- sino la propia ciudad la que se presenta hosca, sucia, vocinglera y faltona. Entre todos lo hemos conseguido. De verdad, con la mano en el corazón: ¿qué queremos que pase?

http://sevilla.abc.es/pasionensevilla/opinion/la-opinion-de-javier-rubio/que-queremos-que-pase-110999-1492155104.html

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