Miércoles Santo en el ecuador: de la sed al refugio en la sombra

13 abril 2017

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Le vino bien ayer el apelativo del «ecuador de la Semana Santa» al Miércoles Santo. Los cuerpos estaban ayer cansados de todos estos días pletóricos donde el calor ha castigado en exceso. Eso hizo que hasta la caída de la tarde se viera poco público con comparación con otros años, que se multiplicó por la noche, como viene siendo habitual dado que hoy es festivo. Para evitar los grandes retrasos que suele acumular el Miércoles Santo, el despliegue de seguridad que había en el eje Cuna-Orfila era importante. El día terminó con un retraso de unos 9 minutos en la Campana, una cuestión menor en comparación con otros años, una muestra del compromiso de las hermandades en cumplir.

En el día de los crucificados, los cofrades pudieron disfrutar de toas las grandes bandas que tocan en Sevilla: Virgen de los Reyes, Presentación al Pueblo de Dos Hermanas, Centuria Macarena, Tres Caídas, El Sol, Esencia, Cigarreras y un estreno, el de la banda del Rosario de Cádiz, que impresionó tras el Cristo de la Sed y que no se queda atras en su calidad musical respecto a las grandes formaciones que tocan en Sevilla. Muchos gaditanos estuvieron ayer en Sevilla para ver el estreno.

La Sed
Hubo quien dudaba del estilo musical de la banda en conjunción con el crucificado, pero el resultado fue más que positivo ya que, entre su propio repertorio, sonaron muchas marchas clásicas. Y es que el Miércoles Santo en los últimos años se está caracterizando por la recuperación del clasicismo, tanto en el exorno de los pasos como en lo musical. Cuando el Cristo de la Sed salía hacia Eduardo Dato, el calor era casi insoportable. El reloj de la avenida marcaba 35 grados y era aún la una y media. El sol estaba en todo lo alto y hacía brillar el canasto del paso, pero sobre todo el palio, una joya del bordado que era un ascua cuando se veía iluminado por los rayos de sol. El esfuerzo de la hermandad de Nervión fue tremendo en su camino a la Carrera Oficial donde, al entrar en la Campana, el paso del Cristo tuvo que echar a tierra al no estar bien podados los árboles.

San Bernardo
Desde la salida de la cruz de guía, a las dos del mediodía, los bares estaban a reventar. El calor era ya asfixiante y hasta el gastrobar de la calle Ancha se había adaptado para tirar únicamente cervezas y cartuchos de pescaíto. En la vuelta de Gallinato no había casi nadie. Estaba todo el mundo resguardado a la sombra de la calle Guadaira, donde entraba corriente fresca, hasta que llegó el paso del crucificado. Sonaba «Refúgiame» y la revirá fue antológica. En la calle Ancha estaba el pregonero, Alberto García Reyes, a quien llamaron los capataces para levantar el paso: «Ésta va por Fernando Carrasco», le dijo a la cuadrilla del Cristo de la Salud, con quien está Fernando en el cielo. Se iba el Señor y, de nuevo, a buscar la sombra en los bares o bajo los árboles hasta que apareció la Virgen del Refugio con «Macarena» de Abel Moreno, andando de categoría. Detrás, como cada año, la mujer que siempre va agarrada a su manto, llorando como una magdalena, y descalza. Vaya penitencia la suya.

El Carmen
La primera cofradía en pedir la venia en la Carrera Oficial puso de tres a sus nazarenos para cumplir el horario. En ese momento, San Bernardo llegaba a un Salvador completamente vacío y en la Campana, se pueden contar con los dedos de una mano los abonados que están en sus sillas para ver el misterio de las Negaciones de San Pedro. Algunos relojes marcaban en ese momento 39 grados a pleno sol. El barco de El Carmen, como así quiere la hermandad que se le conozca sin el apelativo de «Doloroso» como siempre se le conocía, a pesar de que así se llama su dolorosa, recorrió el pasillo central de la Campana con marchas clásicas como «Puente de San Bernardo», «Jesús Despojado» o «Salve Rey de los Judíos», interpretadas magistralmente por Virgen de los Reyes. Un incidente ocurrió en la Carrera Oficial. Al Señor de la Paz se le rompió una de las potencias y hubo que retirarle las tres.

Buen Fin
La priostía de la hermandad de San Antonio de Padua es, probablemente, la mejor de toda la Semana Santa. Si ya lo demuestra con los espectaculares altares, también se notó en el exorno floral de ambos pasos. El Cristo del Buen Fin lució rosas rojas salpicadas con cardos y, la Virgen de la Palma, una mezcla de rosas, tulipanes, alhelíes, frecsias y hasta flores de palma, entre otras. Los dos pasos de esta cofradía han mejorado sobremanera su andar desde que los comandan los Ariza. El Cristo dio una vuelta impecable a los sones de «La Sentencia de Cristo» de San Lorenzo hacia Conde de Barajas y el palio hizo lo propio andando elegante con «Reina de Triana» (una marcha que este año se está interpretando mucho), «Gran Poder» (la preciosa marcha de Juan José Puntas que solo suele escucharse en este momento). El Buen Fin por San Lorenzo es un clásico de la Semana Santa, y es el momento que muchos aprovechan para ver al Señor del Gran Poder ya en su paso.

La Lanzada
Se perdía la Virgen de la Palma por Conde de Barajas y a la Alameda llegaba el barco poderoso de la Lanzada, enmarcado por las columnas de Hércoles y con el sol de cara, que hacía refulgir el canasto neogótico. «De mi vida Señora» era la marcha que interpretó las Tres Caídas en la vuelta de Trajano, que cuadró a la perfección la cuadrilla de Ismael Vargas. Al llegar el paso de palio por la Europa, el sol hacía un contraluz espectacular. Sonaba «Macarena» y hasta los jipis de la Alameda se quedaban embobados. La Semana Santa es para todos. Antes, a la salida, uno de los detalles más emocionantes de la jornada. De la reja de San Martín pendía una rosa en recuerdo de Manolito, el capiller fallecido el año pasado.

El Baratillo
De la Alameda a la Magdalena. Allí, un río de capirotes azules cruzaba la recta de Reyes Católicos y San Pablo, que estaba llena de carritos, sillitas y personas sentadas en el suelo comiendo pipas. Venía la Piedad con sones clásicos. «Soledad de SanPablo» para pasar precisamente por la calle que lleva ese nombre. En la calle Adriano, Manuel Lombo le cantó una saeta en Adriano usando los versos del pregón de Alberto García Reyes: «Tu destino es un miura / que escarba la sepultura / del Señor del Baratillo». Se vino abajo la calle. La Virgen de la Caridad, con el manto restaurado hasta última hora, abandonaba Santas Patronas lo hacía con la luz del atardecer por el Aljarafe. Sonaba otra vez «Reina de Triana» y el palio andaba al compás: un pasito, cintura, tres pasitos, y andando… Qué alegría que haya aún en Sevilla palios que anden sin ataduras ni complejos, capaz también de andar sin estridencias a los sones de «Macarena» de Cebrián.

Cristo de Burgos
Eran las 20.30 horas cuando el palio del Baratillo estaba en la Magdalena. En ese momento, el Cristo de Burgos atravesaba la calle Imagen con la luz de la atardecida, en una estampa única. Comenzaba entonces a refrescar algo y a llenarse las calles. La cofradía austera del día fue un año más una delicia. El paso de palio se iba de la Campana con «Saeta Cordobesa». Le quedaba por delante el recorrido de vuelta, clásico entre los clásicos, con la duda de si tiraría por el lado derecho de la plaza del Cristo de Burgos o, por el contrario, desistiría de ello tras anunciar el Ayuntamiento que no retiraría los puestos de venta ambulante que cabrearon a la hermandad. Finalmente, la cofradía pasó por el sitio habitual.

Siete Palabras
Al tiempo que el Cristo de Burgos pasaba bajo las Setas, salía de San Vicente las Siete Palabras. En Baños, un auténtico baño de sol, ya de poniente, como el aire que viró ayer y refrescó algo los cuerpos a la caída de la tarde. Poco público en la salida, que sí llenó la calle Alfonso XII cuando el ocaso había vencido al día. El misterio es una maravilla verlo con los sones clásicos de Esencia.

Los Panaderos
Es muy complicado ver los Panaderos. Probablemente la cofradía más difícil de contemplar. Desde que sale, ya de noche, la zona de Orfila y Daoíz está aforada, lo mismo que la Cuesta del Bacalao. Una cofradía cuya vuelta una vez más congregó las mayores bullas para ver sobre todo el misterio y su simbiosis con la banda. En la Campana, sonaron dos marchas de Las Cigarreras de las nuevas, que eran auténticas bandas sonoras de películas. Había quien entre el público, con sentido del humor, se solidarizaba con la imagen del Señor que lucía una túnica de lana con toda la calor del Miércoles Santo.

http://sevilla.abc.es/pasionensevilla/actualidad/noticias/miercoles-santo-ecuador-la-sed-al-refugio-la-sombra-110744-1492028997.html

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