El calor, invitado al estreno del Domingo de Ramos en Sevilla

10 abril 2017

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El misterio de la Amargura a su salida J.M. SERRANOLA ciudad se ofrece de estreno, como una virgen vestal que se hubiera colado en el tálamo nupcial donde se va a consumar una historia de amor que empezó hace tanto que ya nadie ni se acuerda. De estreno la ciudad; de estreno sus calles dispuestas, alfombradas de sol derretido; de estreno, las ganas de apurar las horas y vivir los momentos irrepetibles cuando la radio suelta en mitad de la bulla el latigazo de la muerte de Carmen Chacón, tan joven; de estreno, los pasos, los que van sobre la cerviz de los costaleros, y los perdidos que nos llevan de un sitio a otro estrenando como si fuera la primera vez recorridos que una vez hicimos, cuando éramos jóvenes y animosos y estrenábamos los ojos y nos venían las palabras nuevas y pulidas, brillantes y refulgentes como el paso del Señor de la Victoria cuando atravesó el parque de María Luisa con el sol en todo lo alto. Un par de lipotimias en la avenida de la Borbolla y entre los que esperaban la salida en el jardincillo de la parroquia de San Sebastián pusieron el contrapunto al estreno de Virgen coronada del que presumieron los cofrades del Porvenir.

Todo está por estrenar el Domingo de Ramos. Sevilla se estrena a sí misma: en cada zaguán del barrio de Santa Cruz hay un forastero llegando o saliendo de una miriada de apartamentos turísticos. Por el paseo de Catalina de Ribera, lo que menos se escucha hablar es español. No hace falta pegar la oreja porque se distingue a la perfección a los autóctonos y los foráneos con sólo mirar sus pintas. Luego, unos y otros se confunden en el Salvador, a la hora en que la ciudad estrena su rampa, esa por la que dejó dicho el pregonero que se baja al paraíso en una semana.

La Borriquita

El niño de 13 años Rafael Molina pidió la venia en la Campana para que pasara la primera parte de la cofradía del Amor y el presidente del Consejo de Cofradías, Joaquín Sainz de la Maza, se marcó un discurso en clave personal recordando que de todas las hermandades a las que está apuntado, la del Amor es donde tiene el número más bajo. Luego, volvió a ponerse el traje institucional y dio permiso para que hiciera estación de penitencia la «muy querida por mí» hermandad de la Sagrada Entrada en Jerusalén, el Cristo del Amor y la Virgen del Socorro. Es verdad que a esa hora, la Campana presentaba un aspecto un tanto desangelado, pero es que el sol era inclemente y nada misericordioso. Más de mil niños formaban en el cortejo, cuyo paso se había exornado con más flores de la cuenta para que el documental que se está grabando para el año 2018, aniversario de la fusión de las primigenias hermandades de la Entrada en Jerusalén y del Amor.

Jesús Despojado

También en la cofradía de la plaza de Molviedro andan de preparativos, en este caso con la obra del retablo que van a llevar a cabo y que tendrá a los titulares fuera una temporada. En su estación de penitencia, la hermandad tuvo un gesto hermoso con un guardia civil de escolta fallecido recientemente cuyo tricornio se depositó a los pies de Jesús Despojado. La Virgen de los Dolores y Misericordia, a su vez, lució la medalla en honor de Francisco Palacios, El Pali, trovador de Sevilla. Luego, en su entrada en la Campana, el paso de misterio se lució con los antaño proscritos xilófonos que parecen volver por sus fueros y el palio dejó seis orquídeas para las vírgenes del resto del día, bonito gesto. De vuelta por el Postigo, se rompió un varal y tuvieron que dar todas las levantás a pulso aliviado para que no sufriera el paso.

La Paz

En el Porvenir no se pudieron aguantar las ganas de pasear a su Virgen coronada y abrieron de par en par las puertas de la parroquia de San Sebastián y de la propia Semana Santa de Sevilla más de un cuarto de hora antes de la hora prevista para su salida. El cortejo incorporaba por primera vez un guión recordatorio de ese acontecimiento capital en la vida de la hermandad que tuvo lugar el Primero de Octubre pasado. Cuando la cofradía echó a andar por la calle Río de la Plata, el sol apretaba de lo lindo un cielo esmaltado sin ninguna nube. Pese al calor, la candelería de la Virgen iba completamente encendida. Un piquete militar daba escolta al paso de misterio, exornado con claveles rojo sangre casi a juego con la túnica del Señor. Nadie pareció echar de menos al escuadrón a caballo.

La Cena

La calle Imagen, al paso de la cofradía de la Cena, parecía una plaza de toros invertida: el tendido de sombra estaba repleto mientras que el tendido de sol, en la acera de los impares, presentaba evidentes claros. Tal era el bochorno que hacía al sol. El paso de misterio llevaba rosas rojas con espigas, de evidente inspiración eucarística, entremetidas. El del Señor de la Humildad y Paciencia era sencillamente una delicia: lo que aparentaban ser amapolas y dalias salpicaban de colorido y vistosidad el monte sobre el que se asienta la peña en la que el Señor sentado espera su crucifixión. Y en el canasto, un primoroso exorno de cardos y lirios tan detalloso como original. Para la Virgen del Subterráneo, esa primorosa conjunción de imagen y palio con el buen gusto de la sencillez, los claveles rosas de su color. Hasta el repertorio musical va en consonancia con esta delicada rosa de los Terceros: por un sitio tan estrafalario como las Setas, la banda de Tejera le dedicó «Virgen de la Victoria» que el tendido de sol quizá no llegara a apreciar.

La Hiniesta

La cofradía de San Julián tenía ayer mucho que conmemorar. Porque la suya es memoria histórica vivida en carne propia, aunque gracias a Dios, ya no en carne viva. El 8 de abril de 1932, unos exaltados vecinos del Moscú sevillano, como se conocía el barrio, le metieron fuego a la parroquia y las imágenes de la hermandad quedaron reducidas a cenizas. Alguien que vivió de cerca aquella tragedia explicó una vez cómo encañonaron a quienes intentaban apagar las llamas con unas mangueras tiradas por las azoteas. De aquello hizo el sábado 85 años y la hermandad quiso subrayar esa efemérides con un lazo azul en el palio de la Virgen de la Hiniesta, en cuya presidencia volvió a desfilar el alcalde Espadas flanqueado por su delegado de Fiestas Mayores, Juan Carlos Cabrera; y los portavoces del PP, Alberto Díaz, y de Ciudadanos, Javier Millán.

San Roque

También había representación municipal en San Roque. El concejal David Guevara, del equipo de gobierno socialista, renovaba el vínculo del concejo civil con el crucifijo de San Agustín, devoción antigua a la que se encomendaba la ciudad en las peores circunstancias como pestes y riadas, que es también titular de la hermandad de San Roque. Por la plaza PadreJerónimo de Córdoba, el sol le sacaba esquirlas de oro a la canastilla del Señor de las Penas para gozo de los presentes y sufrimiento de los que estaban expuestos al astro rey. Las rosas color champán del palio de Gracia y Esperanza parecían blancas sin más con la luminosidad que bañaba la calle.

La Estrella

La primera de las cofradías de Triana que llega a Sevilla decidió invertir el viejo adagio de los capataces –«paso dado es paso ganado»– e inventó una vuelta en redondo nada más salir de su capillita de la calle San Jacinto como si en vez de ir a la Catedral, se fuera a quedar en Triana. Pero no, le esperaba un océano de rostros vueltos en dirección al paso de misterio del Señor de las Penas y, sobre todo, del impresionante palio de la Virgen de la Estrella, esa maravilla montañesina a la que preceden nada menos que once tramos interminables.

Amargura

De palio a palio, de la Estrella a la Amargura, la cofradía de San Juan de la Palma fue puntual y exquisita como siempre. «Amarguras» empezó a sonar en cuanto el palio se alzó, primor de claveles blancos que más clásicos no pueden ser, a la voz de Alejandro Ollero todavía en el interior del templo. Con anterioridad, el misterio del Señor del Silencio en el Desprecio de Herodes había dado muestras del buen hacer de su cuadrilla enlazando las marchas «Silencio blanco» y «Cristo del Amor» nada más salir de la iglesia, vallada y acotada, probablemente con demasiada prevención.

El Amor

La segunda parte de la cofradía cerró la jornada con unos retrasos en minutos en la carrera oficial más que asumibles, en torno al cuarto de hora, a pesar del calor insufrible de primera hora del día. La soberbia talla de Juan de Mesa cumplirá también cuatrocientos años desde que se encargara su hechura, pero para eso falta todavía un año. Ayer, el Cristo del Amor desfiló sobre un soberbio monte de claveles granates de un rojo intensísimo, casi del color de la sangre del pelícano que se abre el pecho por sus hijos. La Virgen del Socorro cerró la jornada.

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