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La bola de cera vs estampitas

28 marzo 2017

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Diez detalles del Miércoles Santo de 2013Las mesas petitorias se han convertido en una importante vía de entrada de ingresos para las hermandades. De la bandejita de plata con las monedas a la salida de los besamanos y besapiés hemos pasado a un auténtico catálogo de merchandising cofradiero que tiene de todo tipo de productos.

Desde las tradicionales fotografías de estudio de las imágenes, hasta las medallitas de los más diferentes estilos (con el escudo, con la Virgen y el Cristo, sólo con la Virgen, de metal, de plata, más pequeña, más grande, especial para caballeros o señora, de oro por encargo…) hemos ampliado la oferta a rosarios de dedo (¿los saben rezar quiénes los compran?), pulseras de lazo, gemelos y pisacorbatas, alfombrillas para los ratones de los ordenadores con las imágenes de las cofradías…
Además, claro está, de los tacos de estampas pequeñitas que se venden en paquetes de 20 ó 30, según sea de rumboso el mayordomo de la hermandad, para que los nazarenos las repartan durante el recorrido.

Hay diputados mayores de gobierno que han pedido expresamente a sus compañeros del cabildo de oficiales que no se hagan determinados productos (sé de uno al que no le gustan las medallitas) pero la verdad es que la mayor parte de los nazarenos lleva algún tipo de recuerdo para repartir.
Los niños sevillanos lo saben porque se ponen junto a los tramos de las cofradías y preguntan: “¿me das algo?”, no vaya a ser que el nazareno lleve algún tipo de novedad y se queden sin ella por no pedirla.

Pero en esta Sevilla dual también conservamos tradiciones que tienen un olor especial. Un olor en sentido físico. Muchos cajones de las casas siguen guardando esas bolas de cera que tienen más semanas santas que el antifaz que cubre al niño que la lleva. Bolas de cera que se empezaron de verdad, con cera y no con el papel de plata del bocadillo, y que hicieron su padre o su madre tras años de paciencia y ropa manchada de cera (roja, por supuesto, los niños siempre se manchan con los cirios sacramentales).

Esta herencia, que no paga impuesto de sucesiones por cierto, es de las cosas más valiosas que se pueden dejar a un hijo o a un sobrino. Y, lo que no ocurre siempre entre las generaciones, el receptor la valora como el tesoro inapreciable que es.

Ahora podemos guardar también las estampitas, las medallas o las pulseras de cada año en un canasto junto a las bolas de cera. Tal vez en esas cosas sencillas resida una devoción que también se transmite en los detalles.

http://sevilla.abc.es/pasionensevilla/opinion/la-opinion-de-stella-benot/108579-108579-1490309623.html

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