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Granada, la ciudad del vía crucis

27 febrero 2017

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Muchos cofrades granadinos conocen la tradición del vía crucis en la ciudad, especialmente gracias a la hermandad del Vía Crucis, quien lo reza cada Martes Santo en su estación de penitencia; o la cofradía de la Estrella, quien continúa rezando cada Cuaresma las estaciones por el Cerro del Aceituno. No obstante, entre los siglos XVII y XIX, la ciudad llegó a acoger hasta diez cofradías de la «vía sacra», que rezaban las estaciones por las calles, desde sus templos hasta lugares alejados de la ciudad, como el Sacromonte, el convento carmelita de los Mártires o el Cerro de los Rebites, lo que es actualmente el barrio de la Bola de Oro.
Como señala el profesor Miguel Luis López-Guadalupe, la devoción al vía crucis fue una de las expresiones de religiosidad popular más arraigadas de la Edad Moderna. Así, en Sevilla, Córdoba o Granada las hermandades vinculadas al rezo del vía crucis fueron numerosas y se incrementaron con el paso de los siglos. Un tipo de cofradías que se les denominó como las de «la vía sacra», ya que en su itinerario procesional no sólo procuraban imitar fielmente la distancia del vía crucis original de Jesús, desde el pretorio hasta el Gólgota, sino además que el escenario fuese lo más parecido, buscando montañas o cerros donde culminar el rezo con la recreación de la muerte de Jesús en el monte Calavera
Una costumbre que llevó a Granada a sumirse de hitos, cruces y ermitas vinculadas a la devoción al vía crucis y que, aún hoy, pueden verse por la trama urbana de la ciudad. Por ejemplo la ermita del Santo Sepulcro, en el Sacromonte; el Callejón del Pretorio, situado junto al colegio de los Escolapios; el pequeño templete, con un grabado en piedra, de la Cuesta de san Antonio, por encima del Hospital Real; o algunas de las cruces que hay en el monte Valparaíso, costeadas por algunas hermandades de vía sacra.
Recreación de las principales "vías sacras" de Granada, desde el siglo XVII hasta ahora / Elaboración propia
De todas hermandades que llegaron a existir, quizá, la que mayor protagonismo cobró fue la que se fundó 1633 en el Convento de san Francisco Casa-Grande, actual sede del MADOC. Esta cofradía hacía su procesión desde la iglesia de san Pedro y san Pablo, vestidos con túnicas moradas, hasta la abadía del Sacromonte. Al inicio rezaban una oración, se hacía un memorando de las estaciones del vía crucis y después se hacía un acto de confesión general y el rezo del «Yo pecador» y el «Señor mío, Jesucristo», para después iniciar el recorrido rezando, con una determinada distancia, cada una de las estaciones. Aunque no fue la única, ya que hasta el Sacromonte peregrinaba también la Hermandad de Nuestra Señora y Ánimas de la parroquia de la Magdalena, conocida popularmente como la de los «Ganapanes».
Otra de las hermandades, la del Cristo de los Trabajos, estaba en el convento de san Antón, que iniciaba su recorrido penitencial junto a los Escolapios, en la capilla del Pretorio y terminaban en el Cerro de los Rebites, en una ermita llamada también del Santo Sepulcro.
Entre los recorridos más frecuentados por las hermandades estaba el Campo de los Mártires, junto al convento carmelita de san Cosme y san Damián, donde se martirizó a algunos frailes en época nazarí. Hasta allí fueron hermandades como la del Cristo de la Expiración, la del Cristo de la Esperanza y el Cristo de las Penas, establecidas respectivamente en las iglesias de san Gil, la Magdalena y santa Cruz la Real.
Muy popular fue también el Cerro de san Miguel, que se convirtió en vía sacra en 1756, y hasta donde realizaba su vía crucis la hermandad consagrada al Arcángel, por un itinerario similar que hoy aún recorre la hermandad de la Estrella con la imagen del Jesús de la Pasión cada Cuaresma. Igualmente tardía fue la hermandad de Jesús de la Humildad, que rezaba su vía crucis por la Alhambra, hasta la zona del secano, donde estaba la ermita del Santo Sepulcro, y cuyo testimonio hoy nos queda gracias a la Hermandad de la Alhambra, quien cada Viernes de Dolores, realiza un vía crucis por el interior de la fortaleza.
más tardías aún fueron las de la parroquia de san Ildefonso, que rezaba el vía crucis hasta el convento de san Antonio y san Diego, donde actualmente está la urbanización de los Cármenes de Rolando; o la del beaterio de santa María Egipciaca, las Recogidas, quienes procesionaban también hasta el convento carmelita de los Mártires.
Por tanto, Granada fue sin duda una hermandad consagrada al vía crucis, como lo es hoy también gracias a los multitudinarios rezos estacionales que se celebran en Granada durante la Cuaresma y, muy especialmente el Martes Santo con la Hermandad del Vía Crucis. Nuestra Semana Santa cumple sus primeros cien años pero, en realidad, muchas de nuestras costumbres hunden sus raíces en lo más hondo de nuestra historia.

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